Chapter 4 - LA GRABACIÓN Y LOS SACRIFICIOS

La mujer miró a su marido mientras todos sus sacrificios venían de golpe a su memoria:
—Antes de casarme contigo, dirigía a más de tres mil empleados. Creé mi propia empresa, negocié contratos por valor de millones de euros y nunca dependí de nadie. Pero dijiste que querías una esposa que siempre pusiera a la familia en primer lugar. Tu madre dijo que una buena mujer debía quedarse en casa, tener hijos y cuidar de su marido.
Las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas.
—Dejé el consejo de administración, te entregué la gestión y utilicé mi propio dinero para salvar el negocio arruinado de tu familia. Este chalé, tu coche, las joyas de tu madre e incluso el dinero con el que te emborrachas salieron de mí. Pero cuando me agoté cuidando de nuestro hijo, me llamasteis «carga».
La voz del hombre se suavizó de inmediato. Se acercó e intentó coger la mano de su esposa:
—Yo no sabía nada del fideicomiso. Mi madre me obligó a todo. Todavía podemos empezar de nuevo.
Sin embargo, la auditora abrió su tableta y reprodujo una grabación. La voz del hombre resonó con claridad en la sala:
«En cuanto firme el poder notarial, transferid el dinero a la nueva sociedad. Luego diremos que tiene depresión posparto para quedarnos con la custodia del bebé».
A continuación se escuchó la voz de la suegra:
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«Una vez que tengamos al niño, también podremos controlar su herencia».
Madre e hijo se quedaron paralizados. La mujer cerró los ojos con dolor. Había creído que solo la despreciaban, pero en realidad llevaban mucho tiempo planeando arrebatarle su empresa, a su hijo e incluso su dignidad.