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Chapter 3 - Caída libre

¡CHIRRIDO!

Un crujido metálico y ensordecedor resonó por todo el chalet.

En lo profundo del hueco, los pesados cables de acero de sujeción empezaron a partirse uno a uno, chicoteando contra las paredes de hormigón.

Una alarma empezó a sonar, ahogando el ruido ambiental. El mecanismo del freno de emergencia había fallado por completo.

La cabina del ascensor dio un sacudón.

Se deslizó hacia abajo: primero unos centímetros, luego medio metro.

—¡NO! —gritó Daniel.

La cabina empezó a caer, ganando velocidad.

Daniel se agarró con una mano al borde afilado del marco de cristal roto para anclarse, arriesgándose a que le cercenaran los dedos, mientras introducía el otro brazo aún más hacia el fondo del agujero para coger al bebé.

—¡NO LO SUELTES! —gritó contra el cristal.

Sumergida por completo bajo el agua negra, Valeria no pudo responder. Pero con los últimos destellos de su consciencia, mantuvo los brazos bloqueados sosteniendo a su hijo hacia el techo.

El ascensor aceleró en una caída libre.

En el último fragmento de segundo, los dedos ensangrentados de Daniel lograron enganchar el borde de la manta que envolvía a su hijo.

Tiró con todo lo que tenía.

Pero mientras el pesado ascensor se precipitaba hacia el foso inundado del sótano, el tejido mojado y resbaladizo empezó a escurírsele del agarre.

Debajo de él, el ascensor se precipitó hacia la oscuridad total, partiendo los cables restantes como si fueran cuerdas de guitarra.

Mientras el elevador caía al abismo, el último sonido que resonó en el chalet vacío fue el llanto desgarrador del bebé...

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...seguido del grito agónico de Daniel:

—¡NO LO SUELTES!

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