Chapter 10 - Bloqueo de emergencia

La habitación quedó sumida en una oscuridad casi total cuando los cierres de acero taparon toda la luz del exterior.
Solo la tenue luz roja de emergencia proyectaba un resplandor sangriento sobre el grupo atrapado.
El aire pesado se volvió denso y sofocante.
—¡¿Qué has hecho?! —exigió Ryan, corriendo hacia la puerta de acero sellada.
Estampó las manos contra el metal grueso, pero era completamente macizo e inamovible.
—Es un bloqueo de aislamiento, Ryan —se rio Evelyn en voz baja desde el rincón a oscuras.
—Una vez activado, estas puertas no se abren en dos horas sin un código maestro —explicó Evelyn.
—Y solo yo tengo el código maestro —añadió Evelyn, tocándose la sien con un dedo con la manicura hecha.
Sarah gimió de dolor mientras el potente sedante continuaba inundando su organismo.
—Ryan... la cabeza... —jadeó Sarah con dificultad, y su respiración se volvió peligrosamente débil.
Ryan corrió al lado de su mujer, ignorando a Evelyn por completo.
—¡Tenemos que parar la vía! —dijo Ryan con desesperación, examinando la bomba electrónica de la pared.
La bomba estaba bloqueada detrás de una pantalla táctil digital, parpadeando con una señal de error debido al bloqueo.
—¡Doctor Vance! ¡Apague esta máquina! —bramó Marcus, agarrando al cobarde médico por la solapa.
—¡No... no puedo! —tartamudeó el doctor Vance, temblando de terror.
—¡El sistema está bloqueado por el protocolo de emergencia! —gimoteó el doctor Vance.
—¡Si el fármaco sigue entrando, se le parará el corazón en quince minutos! —admitió el doctor Vance.
Ryan sintió que una ola de pánico frío le golpeaba el pecho.
Miró a Evelyn, que permanecía en silencio cerca de la pared del fondo con una sonrisa fría y triunfal.
—¡Danos el código, Evelyn! —bramó Ryan, dando un paso hacia ella con intenciones letales.
—¿Por qué iba a daroslo? —preguntó Evelyn con soltura, cruzándose de brazos.
—En quince minutos, Sarah morirá de una sobredosis accidental —calculó Evelyn en voz alta.
—Te quedarás atrapado en esta habitación con su cadáver y un guardia muerto fuera —continuó Evelyn.
—La policía te encontrará aquí, sosteniendo el arma del delito —se burló Evelyn.
—Y Leo seguirá siendo mío —susurró Evelyn con malicia.
Ryan agarró a Evelyn por el cuello de la camisa y la estampó con fuerza contra el cierre de acero.
—¡Dame el código! —chilló Ryan, con las venas marcándosele en la frente.
Evelyn se limitó a sonreírle a la cara, con los ojos llenos de una victoria aterradora y desquiciada.
—Mátame entonces, Ryan —susurró Evelyn con suavidad.
—Mátame y mira cómo tu mujer muere justo delante de tus ojos —le desafió Evelyn.
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La respiración de Ryan era pesada y el corazón le golpeaba el pecho como un tambor de guerra.
Miró hacia atrás, hacia Sarah, cuyos ojos se cerraban lentamente mientras el monitor cardíaco empezaba a emitir un pitido irregular.