Chapter 4 - Un rescate a la desesperada

Daniel no esperó a que su madre le diera explicaciones. No llamó a los escoltas. Corrió a toda prisa por las baldosas resbaladizas de barro cocido, quitándose la chaqueta de lino sobre la marcha.
Sin dudarlo un solo segundo, se lanzó a la zona profunda de la piscina en un zambullido limpio y desesperado.
El agua fría le envolvió, pero ignoró el impacto, abriendo los ojos a pesar del picor del cloro. Nadó hacia abajo con brazadas potentes y frenéticas.
A través del azul verdoso, la vio. Valeria estaba suspendida a media agua, con los ojos desorbitados por el pánico y el rostro pálido como la muerte. Luchaba por aguantar la respiración y el pecho le convulsionaba con violencia.
Daniel llegó hasta ella en cuestión de segundos. La rodeó con los brazos por la cintura, pataleando con fuerza para impulsarse ambos hacia la superficie. Pero no se movieron. Un peso enorme e implacable le arrastró de nuevo hacia abajo.
Confuso, Daniel miró hacia los pies de Valeria. El corazón se le paró.
Vio la gruesa cadena de hierro enganchada a su tobillo, uniéndola a la enorme estatua de mármol del fondo. Vio sus muñecas fuertemente atadas con plástico grueso.
Aquello no era un accidente. Era una ejecución.
Agarró la cadena con ambas manos, apoyó los pies en la base de la estatua y tiró con cada gramo de fuerza que poseía. Los eslabones de hierro se le clavaron en las palmas, pero la cadena no cedió. El candado no se movió.
A Valeria empezaban a ponérsele los ojos en blanco. Se estaba ahogando delante de él.
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Daniel necesitaba aire. Necesitaba una herramienta. Necesitaba la llave.
Se impulsó contra la estatua, saliendo disparado hacia la superficie como un torpedo, y rompió el agua dando un gran jadeo en busca de aire.