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Detrás de la puerta cerrada / Chapter 7 / 10

Chapter 7

Capítulo 7: El enemigo invisible

Al día siguiente, la sede de Vance Enterprises parecía un funeral. Los empleados murmuraban en los pasillos, las carpetas se acumulaban en los escritorios sin tramitar y el ambiente estaba cargado de una tensión insoportable. La noticia de la liberación de Derek se había propagado como la pólvora.

Me encerré en el despacho principal con Marcus, nuestro capataz de confianza, para analizar las obras del viaducto.

—Evelyn, esto huele a chamusquina —me dijo Marcus, quitándose la gorra de faena y rascándose la cabeza—. Esta mañana han llegado tres camiones de hormigón a la obra del centro de salud, pero el proveedor habitual nos ha cortado el suministro sin previo aviso. Dicen que hemos dejado de ser "solventes".

—Eso es mentira, Marcus. Las cuentas de la empresa vuelven a tener liquidez gracias al fondo de contingencia que recuperamos.

—Ya lo sé, pero el rumor en el sector es que Vance Enterprises va a quebrar en cuestión de días. Alguien está intoxicando a nuestros proveedores. Si no conseguimos el hormigón para el viaducto antes del viernes, perderemos la contrata municipal y la penalización nos mandará directos a la ruina.

Antes de que pudiera responder, la puerta de mi despacho se abrió de golpe.

No era Derek. Era una mujer de mediana edad, vestida con un traje de sastre de una elegancia milimétrica, de color gris marengo. Llevaba el pelo platino cortado a lo garçon y unos ojos grises que analizaban el despacho con desprecio. Detrás de ella, con una sonrisa de suficiencia que me encendió la sangre, caminaba Derek Mercer.

—¿Quién os ha dado permiso para entrar? —bramé, poniéndome de pie.

—No necesitamos permiso, señorita Vance —dijo la mujer con una voz suave, pero que cortaba como un bisturí—. Soy la doctora en Derecho penal y mercantil, Julia Valenzuela. Represento al Grupo Alborán, el principal acreedor de DM Holdings.

—¿El Grupo Alborán? —Miré a Derek, que se limitaba a guiñarme un ojo desde detrás de su abogada—. No tenemos ninguna relación comercial con ese grupo.

—La tienen ahora —dijo la abogada, depositando un fajo de folios notariales sobre mi mesa de roble—. Durante los últimos dos años, su marido, en calidad de administrador único de Vance Enterprises, firmó varios avales cruzados utilizando los activos de esta constructora para garantizar los préstamos que DM Holdings solicitó al Grupo Alborán. Dado que DM Holdings está en quiebra técnica tras su... intervención, nuestra empresa ha ejecutado los avales.

Me quedé de piedra. Sentí que el despacho daba vueltas.

—Eso es un fraude. Él no tenía mi consentimiento para avalar nada con el patrimonio de mi padre.

—El poder notarial era general y estaba vigente en la fecha de la firma —insistió la abogada Valenzuela, sin pestañear—. Legalmente, el Grupo Alborán es ahora el propietario del cuarenta y nueve por ciento de las acciones de Vance Enterprises. Y como primera medida de control, exigimos una auditoría externa inmediata y la paralización de todas las obras en curso. Incluido el viaducto municipal.

—¡Os estáis cargando la empresa a propósito! —gritó Marcus, dando un paso al frente con el puño cerrado.

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Derek se adelantó, colocándose a escasos centímetros de mí. Volví a oler su perfume caro mezclado con el olor rancio a tabaco.

—Te lo advertí, Evelyn —susurró para que solo yo pudiera oírle—. Pensabas que jugabas al ajedrez, pero esto es boxeo. Y estás contra las cuerdas.

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