Chapter 1 - EL HOMBRE EN LA SOMBRA

El golpe físico pretendía intimidarla, obligarla a someterse y obedecer. En cambio, fue la chispa que encendió una vorágine de verdades reprimidas. Emma no bajó la mirada, ni dejó que las lágrimas que amenazaban con salir empañaran su visión. Su mejilla latía con furia, pero su mente se volvió gélida, calculadora.
—No estás sola —afirmó Emma, con una voz tan baja y afilada que cortó el aire tenso de la habitación.
Victoria abrió la boca para gritar otra orden, pero las palabras murieron en su garganta. De la puerta entreabierta del inmenso vestidor de caoba, emergió una figura. No era un extraño. No era un amante anónimo de un club de campo.
Era Julian Vance.
Julian era el protegido de su padre, el vicepresidente ejecutivo de Carter Holdings, y el hombre que cenaba en su mesa todos los domingos. Llevaba la camisa desabrochada y el rostro pálido, despojado de su habitual arrogancia corporativa.
—Emma, escúchame, por favor —suplicó Julian, levantando las manos en un gesto apaciguador—. Esto no es lo que parece. Tu madre y yo...
—¿Tú y mi madre qué, Julian? —lo interrumpió Emma, dando un paso adelante, sintiendo que el suelo bajo sus pies se convertía en cristal quebradizo—. ¿Estaban revisando los márgenes de ganancias trimestrales en la cama de mi padre?
Victoria se interpuso, agarrando el brazo de su hija con uñas afiladas. —Si le dices una sola palabra a Richard, destruirás esta familia. Lo destruirás a él. Sabes que su corazón no soportaría un escándalo ahora, no con la fusión de Chicago en la cuerda floja.
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Emma se soltó del agarre de su madre con asco. Miró la cama deshecha, luego a Julian, y finalmente a la mujer que la había criado bajo estrictas reglas de perfección y moralidad. —Esta familia ya está destruida, madre. Ustedes dos solo estaban bailando sobre sus cenizas.
Dio media vuelta y salió de la suite principal, ignorando los ruegos ahogados de Victoria y los pasos rápidos de Julian a sus espaldas. No iba a gritar. No iba a hacer un escándalo frente al servicio. Iba a hacer algo mucho peor: iba a esperar el momento exacto.