Soft

Chapter 3 - LA CENA DE LOS SECRETOS

La oportunidad perfecta llegó la noche del sábado. Richard había organizado una cena íntima para celebrar el éxito de la fusión. En la gran mesa del comedor, bajo la lámpara de araña de cristal de Baccarat, se sentaban Richard en la cabecera, Victoria a su derecha, Emma a su izquierda, y Julian Vance, el invitado de honor, frente a Emma.

El tintineo de los cubiertos de plata contra la porcelana sonaba como una cuenta regresiva.

—Brindo por Julian —dijo Richard, levantando su copa de vino tinto, con los ojos brillando de gratitud—. Sin tu audacia en las negociaciones, los socios de Chicago nos habrían devorado. Eres más que mi vicepresidente, muchacho. Eres como un hijo para mí.

Julian sonrió, aunque una gota de sudor frío resbaló por su sien. Victoria bebió su vino de un solo trago. —Gracias, Richard. Lo hago por la familia —respondió Julian, evitando mirar a Emma.

Emma se puso en pie lentamente. Tomó su copa de cristal. —Yo también quiero proponer un brindis —dijo, su voz resonando con una calma sepulcral—. Por la lealtad. Por la confianza. Y por los sacrificios que se hacen a puerta cerrada.

Richard le sonrió a su hija, pero Victoria palideció al instante. —Emma, siéntate —siseó su madre.

Ignorándola, Emma sacó su teléfono celular y lo conectó al sistema inteligente de la casa con un toque. La enorme pantalla plana de la sala adyacente cobró vida. No había sonido, solo imágenes de alta definición. El comedor entero quedó en silencio mientras, en la pantalla, se reproducía el video de Julian entrando a trompicones en la suite principal detrás de Victoria. La hora en la esquina superior marcaba las 2:00 PM del martes. Richard estaba en Chicago.

El sonido de una copa estrellándose contra el suelo rompió el encanto. Era la copa de Richard. El patriarca de los Carter se levantó, su rostro pasó del desconcierto a un rojo púrpura de ira pura. Miró la pantalla, luego a su esposa, y finalmente al hombre al que llamaba hijo.

May you like

—Richard, puedo explicarlo... —balbuceó Victoria, levantándose torpemente, las lágrimas arruinando su maquillaje perfecto.

—¡Fuera! —El rugido de Richard hizo temblar los cristales.

Other posts