Chapter 10

Capítulo 10: Cenizas y espejos

Tres días después.
La nieve cubría por completo los árboles del Central Park. Emma estaba de pie en el mirador, contemplando el horizonte de rascacielos de la ciudad. A su lado, un café caliente echaba humo en el aire gélido.
Richard Carter permanecía bajo custodia federal sin derecho a fianza, tras la apertura de la nueva causa por falsificación documental y blanqueo de capitales. Su imperio había quedado reducido a escombros definitivos. Victoria había alquilado un pequeño piso en Nueva Jersey con la escasa pensión que sus abogados lograron rescatar, mientras que Julian había abandonado la ciudad para intentar empezar de nuevo en otra parte, devastado por el estigma de la traición.
El teléfono de Emma vibró en su bolsillo. Era una notificación bancaria.
El fideicomiso del abuelo había sido desbloqueado provisionalmente por orden judicial. Una suma millonaria acababa de ser transferida a su cuenta bancaria. Tenía la vida resuelta. Tenía la libertad que siempre había deseado. La mentira había saltado por los aires.
Unos pasos sobre la nieve crujieron a sus espaldas. Emma no se giró.
—Ha sido una jugada maestra, tengo que reconocerlo —dijo una voz femenina a sus espaldas. No era Victoria. Era una voz más joven, elegante y arrastrada, que Emma no escuchaba desde hacía años.

Emma se dio la vuelta despacio. Frente a ella había una mujer vestida con un abrigo de visón blanco, gafas de sol oscuras a pesar del día nublado y una sonrisa enigmática.
—¿Sora? —preguntó Emma, desconcertada—. Pensaba que estabas en Londres.
—Volví en cuanto me enteré de que mi padre había entrado en prisión preventiva —respondió Sora, quitándose lentamente las gafas de sol para revelar unos ojos inquietantemente parecidos a los de Emma—. Papá cometió muchos errores, pero dejar por escrito en su testamento secreto que la empresa pasaría a la primera hija que lograra destruirlo no fue uno de ellos.
Emma se quedó petrificada.
—¿De qué estás hablando?
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Sora sacó de su bolso un documento firmado por el propio Richard Carter tres semanas antes de su arresto, sellado por un notario de Ginebra.
—Felicidades, hermanastra —sonrió Sora, dando un paso hacia ella—. Has pasado la prueba de acceso a Carter Holdings. Ahora dinos... ¿qué vas a hacer con el resto de la familia que ni siquiera sabías que existía?