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Chapter 7

Capítulo 7: En la guarida del lobo

El aire helado de Brooklyn le cortó los labios en cuanto pisó la acera. El pequeño café de la esquina estaba prácticamente vacío; solo una tenue luz dorada iluminaba el ventanal empañado.

Emma empujó la puerta de cristal, haciendo sonar una campanilla. En la mesa del fondo, envuelto en una gabardina ajada y con una barba de varios días, Julian Vance ya no recordaba en nada al altivo vicepresidente de vestimenta impecable. Sostenía una taza de café negro entre sus manos temblorosas.

—Has venido —dijo Julian, señalando la silla frente a él.

Emma no se sentó. Se mantuvo erguida, con las manos metidas en los bolsillos del abrigo.

—Habla. Y midas muy bien tus palabras.

—Siéntate, por favor. Pareces una extraña... aunque me imagino que para ti lo soy —suspiró él, mirándola fijamente a los ojos—. Tienes la misma mirada calculadora de Victoria cuando sabe que ha perdido una partida de ajedrez.

—No me compares con ella —siseó Emma, sentándose al fin en el borde de la silla—. Dijiste que Richard va a salir bajo fianza.

—Sus abogados han presentado un recurso por defectos de forma. El juez aceptará la fianza mañana a primera hora. Pero eso no es lo peor —Julian se inclinó sobre la mesa, bajando la voz—. Richard no está arruinado. La mansión, el embargo... todo ha sido un teatro para la prensa y la fiscalía. Hay una cuenta en las Islas Caimán a nombre de un fideicomiso. Tiene más de cuarenta millones de dólares.

—¿Y de dónde ha salido ese dinero?

—De ti, Emma. De un fondo que tu abuelo materno te dejó al nacer y del cual Richard era el único albacea hasta que cumplieras los veinticinco años. Usó tu identidad para blanquear las comisiones ilegales de Chicago. Si la fiscalía tira del hilo, la persona a la que van a imputar por fraude fiscal no será a él... será a ti.

Emma sintió que el techo del café se venía abajo.

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—Eso es imposible. Yo no he firmado ningún documento de esa empresa.

—Él falsificó tu firma hace dos meses, justo antes de la cena en la que desataste el escándalo. Sabía que ibas a hablar. Tenía un plan de contingencia para culparte de todo si las cosas salían mal.

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