Chapter 16

Capítulo 16: Cenizas y cenotes

El fuego devoró la granja de Thomas en cuestión de minutos. Cuando los bomberos lograron apagar las llamas, solo quedaba un esqueleto de madera negra y el olor acre de la gasolina.
La sargento Reyes contemplaba los restos arqueando las cejas. —No buscaban pruebas —dijo, iluminando el suelo con su linterna—. Buscaban advertirnos. Si Sarah hubiera estado aquí, esto no habría sido un refugio. Habría sido un horno.
Arthur, con la mandíbula vendada y el cuerpo molido a golpes tras la pelea en el hospital, apretó los puños. —Thomas está a salvo en la comisaría central. Pero el mensaje está claro: el enemigo no tiene rostro, pero tiene las llaves de nuestras vidas.
Mientras tanto, en la suite de aislamiento del hospital, ajena al incendio, Sarah sostenía por primera vez a su hija. Había nacido en la penumbra, justo cuando los generadores restauraban el flujo eléctrico. Era diminuta, de piel sonrosada y un llanto que exigía su lugar en el mundo. La doctora Emily Carter sonrió con cansancio mientras le colocaba la pulsera magnética a la pequeña.
—Está sana, Sarah. Es un milagro de ocho meses —susurró Emily.
Sarah la miró, con los ojos empañados. —Se llamará Victoria. Porque ya ha ganado su primera batalla.
De repente, el teléfono personal de la sargento Reyes vibró en el pasillo. Era una llamada desde la prisión de alta seguridad del condado. La oficial respondió, escuchando una voz alterada al otro lado de la línea.
—Sargento Reyes... Es sobre Eleanor Vance.
—¿Qué pasa con ella? ¿Ha confesado?
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—No, sargento. Hace diez minutos, durante el cambio de guardia, la reclusa Vance convulsionó en su celda. El médico forense preliminar dice que fue un paro cardíaco... provocado por envenenamiento con cianuro. Alguien alteró su medicación para la presión.
Reyes sintió un frío helado en la nuca. Eleanor Vance, la mujer que creían la reina del tablero, acababa de ser eliminada como un peón inservible. La red estaba cortando sus propios cabos sueltos.