Chapter 21

Capítulo 21: El pacto de Ginebra

Tres años después de la noche del hospital, el nombre de Sarah Vance figuraba en las listas de las mujeres más influyentes del mundo corporativo. La Fundación Vance se había transformado en un faro de transparencia, pero el precio de esa paz era vivir en una jaula de cristal.
Sarah residía en una villa fortificada a las afueras de Madrid, España. Victoria ya caminaba y hablaba, una niña de ojos vivaces que no sabía lo que significaba la libertad sin guardaespaldas. Arthur Hale seguía al frente de su seguridad, con la mirada más dura y algunas canas en las sienes.
—Los auditores han encontrado algo en las cuentas de la filial de Ginebra —dijo Arthur, entrando al despacho de Sarah con una tableta encriptada—. Hay un flujo constante de capital hacia una corporación fantasma llamada Nébula.
Sarah levantó la vista de sus documentos. —¿Julián? La Interpol lo declaró muerto presunto hace dos años en el Atlántico.
—Nunca encontramos el cuerpo, Sarah. Y el dinero no se mueve solo. Alguien está usando los antiguos códigos de mi padre para drenar el fideicomiso desde adentro. Si el fondo baja del límite legal, la junta directiva internacional puede exigir una intervención externa.

En ese momento, el teléfono satelital de Arthur vibró. Era una alerta de la sargento Reyes, ahora ascendida a inspectora de la Europol.
May you like
—Arthur, detén cualquier movimiento financiero de la fundación —advirtió Reyes desde París—. Richard Collins acaba de morir en prisión. Antes de expirar, dejó una confesión firmada: Julián no está operando solo. Nébula no es una empresa. Es un sindicato internacional de inversores que compró las deudas de Eleanor Vance. Tienen un topo dentro de tu propio equipo en España.
Arthur miró a su alrededor. Los guardias de la villa, las secretarias, los asesores... Cualquiera de ellos podía ser el ojo del lobo.