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El latido de la supervivencia / Chapter 42 / 50

Chapter 42

Capítulo 42: La red oscura de Nébula

Durante las dos semanas siguientes, la cabaña de Chamonix se convirtió en un búnker silencioso. Thomas Hale había viajado de urgencia desde su retiro en el norte de España para reforzar la seguridad exterior del perímetro, instalando sensores de movimiento térmicos entre los pinos y cámaras de espectro infrarrojo que vigilaban las veinticuatro horas del día. Sin embargo, todos en la casa sabían que las paredes de madera y los cristales reforzados eran defensas ridículas frente a una organización con la capacidad de penetración que poseía el sindicato Nébula.

El verdadero ataque no llegó con hombres armados ni disparos en la madrugada. Sucedió un martes a las cuatro de la tarde, bajo una intensa nevada que cortó la señal de televisión por cable.

De repente, la pantalla de la televisión del salón, las pantallas de los ordenadores de trabajo de Sarah y las pantallas táctiles de los teléfonos móviles de toda la casa parpadearon al mismo tiempo. La interfaz habitual desapareció, siendo reemplazada por un fondo negro mate sobre el cual un temporizador digital con números de un rojo brillante comenzó un descuento implacable: 23:59:58... 23:59:57...

Justo debajo del reloj en retroceso, apareció un texto en un formato plano, desprovisto de cualquier adorno:

“El cumpleaños de Victoria se celebra mañana, Sarah. Es hora de que sople las velas del imperio de su abuelo. Nos vemos en el antiguo búnker militar del sector de Alsacia, en la antigua sección de la Línea Maginot. Si el temporizador llega a cero antes de que la firma genética de la niña esté conectada a la consola central, los servidores del protocolo Sucesión liberarán automáticamente toda la información recopilada por James Vance. Pero con una pequeña modificación: un paquete de pruebas fabricadas digitalmente que implican de forma directa a Arthur Hale y a ti en el asesinato de Eleanor y de Julián Vance. No tendréis un lugar en el mundo donde esconderos de la Interpol.”

Arthur examinó las coordenadas satelitales que aparecieron al final del mensaje. Su rostro, habitualmente imperturbable, se ensombreció bajo la luz roja del temporizador que se reflejaba en sus ojos.

—La Línea Maginot —dijo, golpeando el plano de Alsacia con la yema del dedo—. Una red de fortificaciones militares de hormigón armado construidas antes de la Segunda Guerra Mundial. El sector que indica el mensaje fue abandonado en los años sesenta; es un laberinto de galerías subterráneas que descienden a más de cincuenta metros de profundidad bajo el bosque. No hay cobertura de telefonía, no hay señal GPS y la entrada de la policía local requeriría una autorización judicial especial que tardaría días en tramitarse. Angela nos está citando en su propio coto de caza.

Thomas Hale, que estaba limpiando una escopeta de repetición en el extremo de la mesa, levantó la mirada con gravedad. —Es una trampa de ejecución directa, hermano. Si entramos en ese búnker de hormigón con la niña, no nos dejarán salir con vida después de que obtengan la firma biométrica. Ella no necesita testigos que puedan vincularla con el uso de la base de datos de James.

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Sarah miró a Victoria, que observaba el descuento del temporizador rojo desde el sofá de la sala. La niña cumplía diez años al día siguiente. Su infancia entera había sido una sucesión de huidas, un rompecabezas de mentiras y secretos familiares.

—James Vance diseñó este laberinto de codicia para su familia —dijo Sarah, levantándose de la silla con una determinación fría que heló el ambiente de la cocina—. Él creó a los monstruos que nos persiguen. Y nosotros somos los únicos que podemos cerrar las puertas de su búnker para siempre. Nos vamos a Alsacia esta noche.

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