Soft
El latido de la supervivencia / Chapter 35 / 50

Chapter 35

Capítulo 35: El código en el reloj

Esa noche, mientras la tormenta de nieve cubría por completo los ventanales de la cabaña, Arthur Hale desmontó el mapa topográfico de Francia sobre la mesa del comedor, iluminado por una lámpara halógena. La frase que Victoria había mencionado no dejaba de dar vueltas en su cabeza.

—No es una simple cita literaria, Sarah —explicó Arthur, trazando una línea con el dedo sobre la región de Aquitania—. “La sangre siempre vuelve a la tierra” era el lema oficial que James Vance hizo forjar en el arco de entrada de la Finca de la Confluencia, el viñedo original en Burdeos, Francia. Es el lugar donde nació la fortuna familiar mucho antes de que construyeran la mansión en América o las oficinas en Nueva York.

Sarah frunció el ceño, intentando comprender la lógica de su suegro fallecido. —¿Por qué James le daría esa pista al hijo de Julián? Si sabía que eran peligrosos...

—No se la dio a él —corrigió Arthur, con la mirada fija en el mapa—. Ian robó ese reloj de las pertenencias personales de James tras su muerte. James era un hombre paranoico y previsor; sabía que si alguien de la familia intentaba usurpar el control legal del imperio por la fuerza o el chantaje legal, terminaría buscando los títulos de propiedad originales y los estatutos fundacionales no registrados. Esos documentos están ocultos en Burdeos. James diseñó una última trampa para los codiciosos.

Sarah tomó la tableta de Arthur y revisó las rutas de escape. Su decisión estaba tomada. —Nos vamos a Francia esta misma noche. Si Ian quiere usar la ley suiza para quitarme a mi hija, tendrá que notificarnos en un territorio donde sus jueces no tengan jurisdicción.

May you like

Con la ayuda de Thomas Hale, que cruzó la frontera franco-suiza conduciendo una furgoneta de reparto comercial para evadir los controles fronterizos automatizados de la policía de Zúrich, la familia logró salir del país en mitad de la madrugada, ocultando a Victoria bajo una lona de suministros médicos.

Al amanecer, la furgoneta se detuvo ante la entrada de la Finca de la Confluencia en Burdeos. El lugar parecía un cementerio de recuerdos: los campos de vides estaban secos, los edificios de piedra caliza cubiertos de hiedra silvestre y las bodegas subterráneas sumidas en un abandono absoluto.

Other posts