Chapter 19

Chapter 19: La primera sesión del juicio

El juicio oral dio comienzo en la Sala de lo Penal de la Audiencia Provincial de Madrid a mediados de noviembre.
El despliegue mediático en las inmediaciones del palacio de justicia era multitudinario. Cámaras de televisión de todas las cadenas nacionales cubrían la entrada de las partes.
Trevor llegó esposado desde la prisión preventiva en la que había ingresado dos semanas antes tras detectarse un intento de acceso no autorizado a los registros médicos de los recién nacidos a través de un detective privado contratado por su bufete.
Llevaba un traje oscuro que le quedaba grande. Su aspecto físico se había deteriorado notablemente; presentaba la tez pálida y ojeras marcadas.
A su lado, sentado en el banquillo de los acusados, estaba su padre, Malcolm Harlan, asistido por su propio abogado procesalista. Malcolm mantenía la vista al frente, con expresión adusta y despectiva, negándose a mirar a nadie en la sala.
Rebecca entró por la puerta reservada para la acusación particular, vestida con un traje de chaqueta azul marino, acompañada por Maya Chen y protegida por los servicios de asistencia a víctimas.
El tribunal, compuesto por tres magistrados —dos mujeres y un hombre—, dio inicio a la sesión con las cuestiones previas.
La defensa de Trevor intentó una última maniobra procesal solicitando la nulidad de las grabaciones encontradas en la máquina de ruido blanco por vulneración del derecho a la intimidad del investigado.
El magistrado presidente desestimó la petición de forma contundente:
—La Sala considera que las grabaciones efectuadas en el domicilio familiar por el propio acusado mediante un dispositivo instalado por él mismo no gozan de la expectativa de intimidad frente a la víctima de los hechos cometidos en dicho recinto, máxime cuando existe indicio racional de la comisión de un delito de violencia de género e infracción de los deberes de protección de la menor presencial.
Tras la resolución de las cuestiones previas, la jueza ordenó la práctica de la prueba testifical.
Rebecca fue la primera en declarar.
Caminó hacia el estrado central y se sentó frente al micrófono. A su izquierda, a menos de cuatro metros, Trevor la observaba fijamente.
El fiscal inició el interrogatorio:
—Señora Vale, relate a la Sala lo ocurrido en el domicilio conyugal el día de los hechos.
Rebecca tomó aire. Miró al tribunal, ignorando deliberadamente la presencia de Trevor y de Malcolm.

—Aquel día, Emma quería una galleta antes de cenar. Yo le dije que no. Mi hija empezó a llorar. Trevor salió de su despacho furioso diciendo que el llanto de la niña le estaba humillando ante un cliente por teléfono...
Durante más de una hora, Rebecca detalló de forma precisa, metódica y sin aspavientos la agresión física, la rotura de su diente frontal, la llegada de su padre, la manipulación de las cuentas bancarias y el patrón de coacción psicológica ejercido sobre ella durante los años de convivencia.
Cuando le tocó el turno a la letrada de la defensa de Trevor, esta intentó desacreditar su testimonio:
—Señora Vale, ¿reconoce usted haber enviado mensajes cariñosos a mi mandante dos días después de haber mantenido discusiones acaloradas?
—Sí —respondió Rebecca con frialdad—. Los enviaba porque tenía miedo de su reacción si no le pedía perdón inmediatamente. Aprendí que la culpa aparente era la única forma de mantener la calma en casa.
—¿No es cierto que su padre interpuso esta denuncia para arruinar la carrera profesional del señor Harlan?
—Mi padre no interpuso la denuncia. La llamada a la policía la hice yo cuando abrí la puerta de mi casa sangrando con mi hija en brazos.
La firmeza de Rebecca dejó sin margen de maniobra al interrogatorio de la defensa.
Al finalizar su comparecencia, el presidente del tribunal le permitió abandonar la sala o permanecer en el público.
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Rebecca eligió quedarse. Se sentó en el primer banco de la audiencia, justo detrás de sus letradas, para presenciar el resto del juicio.
El siguiente testigo llamado a declarar fue Marianne Harlan.