Chapter 27 - El brote de la tierra nueva

Pasan dos años.
Rebecca ha abierto su propio estudio de diseño gráfico y comunicación corporativa en el barrio de las Letras de Madrid. Trabaja principalmente para instituciones públicas, fundaciones sociales y editoriales independientes.
Mateo ha cumplido dos años y corre por los parques persiguiendo a su hermana Emma, que ya tiene cuatro y habla con una soltura sorprendente.
Las cicatrices físicas de Rebecca han sido reparadas: un cirujano maxilofacial le colocó un implante definitivo sobre la pieza dental perdida y la marca sobre el labio superior es apenas una línea blanca casi imperceptible.
La casa de la finca conyugal fue subastada y adquirida por un grupo inversor extranjero que demolió la edificación para construir una urbanización de chalets modernos. El lugar donde cayó el fragmento de diente sobre la moqueta azul claro ya no existe; es solo un solar de tierra batida.
Trevor continúa en prisión, habiendo visto denegados sus dos primeros recursos para la obtención del tercer grado penitenciario debido a la ausencia de asunción del delito y la persistencia de rasgos narcisistas en los informes de los psicólogos de la cárcel.
Malcolm Harlan falleció en su domicilio de Carolina del Norte tras sufrir un derrame cerebral masivo mientras esperaba la resolución de su recurso ante el Supremo, dejando una herencia colapsada por las deudas tributarias y las demandas de indemnización civil.
Una tarde de mayo, Rebecca acude a la inauguración de un nuevo centro de acogida para mujeres y menores víctimas de violencia de género gestionado por la red autonómica. La instalación lleva el nombre de Marianne Harlan, en homenaje a la mujer que rompió el silencio de su familia al final de su vida.
Marianne, en silla de ruedas pero con la mente lúcida, corta la cinta inaugural rodeada por autoridades, por la inspectora Morris, por Maya Chen y por Richard Vale.
Al finalizar el acto, un joven periodista se acerca a Rebecca mientras ella contempla la placa conmemorativa en la entrada del edificio.
—Señora Vale —dice el reportero, acercándole el micrófono—. Ha pasado cuatro años de litigios, juicios y escrutinio público. ¿Cree que la justicia le ha devuelto todo lo que perdió aquella tarde en su salón?
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Rebecca mira la placa de bronce y luego busca con la mirada a Emma y a Mateo, que juegan en el patio interior con la agente Ortiz.
—La justicia no devuelve nada de lo que se rompe por dentro —responde Rebecca con calma—. La justicia solo pone límites para que los verdugos no sigan rompiendo más cosas. Lo que se recupera después... eso lo tiene que construir una misma fuera de los juzgados.