Chapter 33 - La sombra del bufete

La presencia de Trevor en la ciudad no es el único frente abierto.
Dos meses después de su salida en régimen abierto, un prestigioso bufete de abogados madrileño —contratado por un grupo inversor anónimo domiciliado en Suiza— interpone una demanda civil contra Richard Vale y la Fundación Vale en los Juzgados de Primera Instancia.
La demanda exige la nulidad de la venta de los activos inmobiliarios que financiaron la indemnización de Rebecca y la red de pisos tutelados, alegando que parte de esos fondos procedían de activos no liquidados de la sociedad Harlan Strategic Consulting que pertenecían por derecho de herencia a los hijos del matrimonio: Emma y Mateo.
Maya Chen revisa la documentación en su despacho junto a Richard y Rebecca.
—Es una maniobra legal de alta ingeniería —explica Maya, pasando las páginas del escrito de demanda—. Trevor no puede demandarte a ti directamente por la orden de alejamiento, así que está utilizando a una sociedad suiza donde su padre dejó fideicomisos ciegos para demandar a tu padre en nombre del «interés superior de los menores».
—Pretende hacernos pasar por administradores desleales del patrimonio de sus propios hijos —añade Richard, apretando los puños sobre la mesa—. Quiere obligarme a sentarme de nuevo en un juzgado a justificar cada euro de la fundación.
—Lo que busca no es ganar el juicio —interviene Rebecca, con la voz serena—. Lo que busca es agotarnos. Quiere que nos pasemos los próximos diez años respondiendo a demandas, periciales y citaciones hasta que aceptemos sentarnos a negociar un acuerdo sobre la custodia de los niños.
—¿Qué propones? —pregunta Maya.
—No vamos a defender solo a la fundación —dice Rebecca—. Vamos a ir a por el origen de los fondos suizos. Si Trevor está utilizando sociedades opacas en Suiza para financiar esta demanda desde el CIS, está violando los términos de su libertad condicional respecto a la transparencia de sus bienes.
Richard mira a su hija con admiración contenida.
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—Eso requerirá una comisión rogatoria internacional a los tribunales helvéticos. Tardará meses.
—Que tarde lo que tenga que tardar —responde Rebecca—. Ya no tenemos prisa. El tiempo ahora juega a nuestro favor, no al suyo.