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Chapter 23 - La sombra de la sospecha

La acusación de irregularidades en la gestión de la Fundación Vale salta a las portadas de los periódicos económicos.

Se acusa a Rebecca de haber utilizado la entidad sin ánimo de lucro para desviar bienes gananciales antes del divorcio, presentando copias de documentos privados firmados por ella durante su etapa de depresión posparto.

En el centro de apoyo a víctimas donde Rebecca colabora ahora como voluntaria, la noticia genera inquietud.

La inspectora Morris la cita en la Comisaría General.

—Rebecca, sabemos que esto es una maniobra de los abogados de Malcolm para forzar una negociación sobre la custodia y las indemnizaciones penales —dice la inspectora—. Pero los documentos llevan tu firma manuscrita.

—Firmé lo que Trevor me puso delante mientras estaba ingresada —explica Rebecca, sintiendo cómo el estómago se le vuelve a encoger con el fantasma de la antigua indefensión—. Me decía que eran papeles del seguro médico de Emma.

—Para anular la validez de esos documentos en la vía civil necesitamos demostrar que existía una vicio del consentimiento por coacción o engaño manifiesto. Y el único testigo de esas firmas, aparte de Trevor, es el notario que autorizó las escrituras.

Aquel notario, un hombre de confianza de Malcolm Harlan con despacho en el barrio de Salamanca, sostiene que Rebecca acudió pacíficamente a la firma y que se encontraba en pleno uso de sus facultades.

Esa noche, Rebecca no logra conciliar el sueño. Ve a Mateo dormir en su cuna y a Emma abrazada a su peluche en el piso que ha alquilado con sus propios ingresos como diseñadora gráfica independiente.

Se da cuenta de que la libertad no era un punto de llegada al salir del juzgado; es una trinchera que hay que defender todos los días.

Decide no llamar a su padre ni pedir prestado su bufete corporativo.

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A la mañana siguiente, Rebecca se presenta personalmente en el despacho del notario.

Sin cita previa. Sin abogados.

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