Chapter 29 - La encrucijada del pasado

La solicitud de Trevor para iniciar contacto epistolar con Emma y Mateo es turnada al Juzgado de Familia número seis de Madrid.
El caso vuelve a convocar a las partes en una vista a puerta cerrada.
Trevor acude desde la cárcel, asistido por un letrado del turno de oficio especialista en derecho penitenciario, ya que el patrimonio de la familia Harlan ha sido liquidado por las ejecuciones fiscales y las indemnizaciones civiles dictadas en la sentencia penal.
Su nuevo abogado argumenta que el derecho del menor a conocer su origen biológico debe prevalecer sobre las rencillas de los progenitores, siempre que el contacto esté supervisado por el equipo de psicólogos del juzgado.
La fiscal se opone manifestando que la corta edad de Mateo y el trauma presenciado por Emma desaconsejan cualquier injerencia en el entorno de estabilidad que la madre ha construido durante estos tres años.
Llega el turno de la evaluación psicológica de los niños.
La perito del juzgado se entrevista con Rebecca y posteriormente realiza una sesión de observación con Emma.
La pequeña Emma, que ahora tiene cinco años, dibuja en el despacho de la psicóloga una casa con un gran jardín, su madre, su hermano Mateo, su abuelo Richard y su abuela Marianne.
—¿Y esta persona de aquí quién es? —pregunta la psicóloga señalando una figura borrada con pintura gris en una esquina del papel.
Emma mira el dibujo, lo piensa un instante y responde con la tranquilidad de quien dice una lección aprendida sin dolor:
—Ese era el hombre que asustaba a mi mamá. Ya no vive con nosotros porque la policía se lo llevó para que aprendiera a no pegar a la gente.
La perito toma nota en su expediente. La respuesta de la niña no denota odio ni alienación; denota la existencia de un relato explicativo claro, sin mentiras ni ocultaciones, que ha permitido a la menor procesar el evento traumático sin fantasear ni culpabilizarse.
El dictamen del equipo técnico es concluyente: se desaconseja cualquier tipo de contacto, incluso escrito o telemático, hasta que los menores alcancen la madurez suficiente para decidir de forma autónoma sobre la relación con el progenitor custodio condenado por violencia.
Al salir de la sala de vistas, la letrada de Trevor se acerca a Maya Chen en el pasillo.
—Trevor va a recurrir la decisión ante el Tribunal Constitucional si es necesario —advierte el abogado—. No va a renunciar a ejercer su paternidad.
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Maya le responde con una leve inclinación de cabeza:
—Puede interponer los recursos que considere oportunos. Nosotras seguiremos aquí para responder a cada uno de ellos.