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Chapter 10

Capítulo 10: Un nuevo horizonte y una sombra

Dos meses después, la nueva sede de la Fundación Meridian en el madrileño barrio de Chamberí abría sus puertas de manera oficial. El evento fue un éxito rotundo, asistieron empresarios comprometidos, miembros del gobierno local y medios de comunicación que elogiaban la valentía de Mariana Salvatierra, la mujer que transformó su propia tragedia en un escudo para miles de personas en dos continentes.

Al final de la noche, cuando los invitados se habían marchado, Mariana se quedó sola en la terraza del edificio, contemplando el perfil iluminado de Madrid bajo el cielo estrellado. Alejandro se acercó a ella, entregándole una copa de vino.

—Un éxito rotundo, jefa —dijo él con una sonrisa cómplice—. El fondo está blindado, las sedes seguras y el futuro se ve más brillante que nunca. ¿Cómo te sientes?

—En paz, Alejandro. Por primera vez en mi vida, siento que soy la dueña absoluta de mi destino —respondió ella, brindando—. Ningún golpe más. Ninguna mentira más.

Alejandro sonrió, le dio un suave beso en la mejilla de despedida y se marchó, dejándola disfrutar de su momento de triunfo. Mariana saboreó el silencio de la noche madrileña, respirando la libertad que tanto le había costado ganar.

Sin embargo, el destino es un mecanismo caprichoso.

Su móvil personal, aquel que solo tenían tres personas en el mundo, vibró en el bolsillo de su abrigo. Al sacarlo, vio que parpadeaba una notificación de alerta de la central de seguridad de la fundación en México. No era un mensaje de texto, sino un archivo de audio de alta prioridad enviado automáticamente por el sistema de reconocimiento de voz de la prisión de máxima seguridad donde Rodrigo cumplía condena.

Mariana, con el corazón acelerándose de golpe, se colocó el auricular y reprodujo el archivo. La voz que escuchó no era la de Rodrigo. Era una voz masculina, con un acento extranjero, profunda, educada y escalofriantemente tranquila.

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«Señorita Salvatierra... Rodrigo Altamirano ya no es un problema para usted; nos hemos encargado de que pague sus deudas de la manera más dolorosa posible en este penal. El motivo de este mensaje es otro. Al revisar los libros de contabilidad que su exmarido intentó destruir, hemos encontrado que la fortuna de su padre, Don Héctor Salvatierra, se construyó sobre un pacto que se firmó hace treinta años en España. Un pacto de sangre con nuestra familia que su padre nunca le contó, y del cual usted es ahora la única heredera legítima. Nos vemos muy pronto en Madrid, Mariana. Prepare los fondos... o prepare otra tumba».

El audio se borró automáticamente del sistema tras reproducirse. Mariana se quedó inmóvil en la terraza, con la copa de vino temblando en su mano, mientras el viento frío de Madrid agitaba su cabello. Miró hacia la calle desierta, dándose cuenta de que la verdadera historia de su familia acababa de comenzar.

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