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Chapter 13

Capítulo 13: La cena de los caídos

Héctor Salvatierra llegó a Madrid demacrado, con el rostro surcado por las ojeras del vuelo y la culpa. Esa noche, en un reservado de un restaurante tradicional cerca de la Plaza de Oriente, se reunió con Mariana y Alejandro. El anciano miró el documento sobre la mesa y se cubrió el rostro con las manos.

—Es verdad, Mariana —confesó Héctor, con la voz entrecortada—. En aquella época, los Valenzuela me salvaron de la ruina. A cambio, me exigieron que el 25% de los beneficios de Salvatierra Capital se desviaran anualmente a cuentas en Suiza. Lo hice durante diez años. Pero cuando tú entraste en la universidad, decidí romper los lazos. Pagué una penalización millonaria que ellos aceptaron. O eso me hicieron creer.

—¿Por qué vuelven ahora, papá? —preguntó Mariana, apretándole la mano.

—Porque el Gobierno español les está cercando las cuentas en Europa central —explicó Alejandro, mostrando unos informes financieros que había conseguido a través de sus contactos en la Audiencia Nacional—. Necesitan la estructura limpia de Salvatierra Capital en América Latina para mover su dinero sin levantar sospechas. Rodrigo Altamirano descubrió este pacto husmeando en los archivos viejos de la empresa antes de que tú lo destituyeras. Rodrigo intentó venderles esta información a los Valenzuela para que destruyeran tu fundación a cambio de sacarlo de la cárcel.

Mariana unió las piezas del puzle. Rodrigo, incluso derrotado, había dejado una bomba de relojería activada.

—Entonces la cita de mañana en El Escorial no es un almuerzo —concluyó Mariana, con la mirada endurecida—. Es una emboscada legal. Quieren que firme la cesión de la estructura corporativa.

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—No vas a ir, hija. Me presentaré yo solo —dijo Héctor con determinación—. Es mi error, yo lo pagaré.

—No, papá —le interrumpió Mariana con firmeza—. Tú me enseñaste a levantarme cuando caí cincuenta veces bajo los golpes de Rodrigo. Ahora no voy a esconderme detrás de ti. Vamos a ir a El Escorial, pero no vamos a firmar nada. Vamos a jugar con sus propias reglas.

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