Chapter 14

Capítulo 14: Emboscada en El Escorial
La finca de los Valenzuela en El Escorial era una imponente propiedad de piedra rodeada de robles centenarios y custodiada por fuertes medidas de seguridad privada. Mariana, Héctor y Alejandro fueron conducidos a un gran salón señorial donde una chimenea crepitaba, atenuando el frío de la sierra madrileña.
Carlos Valenzuela los recibió junto a su abogado de confianza, un hombre de ademanes gélidos llamado Alberto de la Rosa. Sobre una mesa de caoba reposaban los nuevos contratos de cesión de derechos.
—Bienvenidos —dijo Carlos, ofreciendo vino de su propia cosecha—. Héctor, te veo cansado. Los años no perdonan, y los errores del pasado tampoco. Sentémonos y acabemos con esto de forma civilizada.

Héctor se mantuvo en silencio, siguiendo la estrategia que Mariana había diseñado. Mariana tomó asiento, miró los documentos y luego fijó sus ojos en Carlos.
—Señor Valenzuela, el contrato que firmó con mi padre en 1996 estipulaba que cualquier litigio o reclamación sobre las acciones debía presentarse en un plazo máximo de quince años en caso de incumplimiento. Ese plazo prescribió en 2011 —dijo Mariana, deslizando un informe legal que Alejandro había redactado esa misma madrugada—. Además, las cuentas suizas donde mi padre depositó el dinero están siendo investigadas por la Fiscalía Anticorrupción de España. Si usted intenta reclamar estas acciones judicialmente, tendrá que explicar el origen de los fondos iniciales de 1996, vinculados al contrabando de tabaco y divisas en Galicia.
El abogado Alberto de la Rosa sonrió con suficiencia, sin inmutarse.
—Una bonita teoría, señorita Salvatierra. Pero se olvida de un detalle. En el derecho mercantil español, la ocultación dolosa de activos interrumpe la prescripción. Su padre nunca declaró ese contrato ante la hacienda pública mexicana ni la española. Si vamos a juicio, ambos iréis a prisión por delitos fiscales internacionales. Y vuestra preciosa fundación será clausurada por el Estado.
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Carlos Valenzuela se inclinó hacia delante, apoyando los codos en la mesa.
—No tenéis salida, Mariana. O me entregáis el control operativo de Salvatierra Capital en México para limpiar mis fondos, o hundo a tu padre y a tu fundación antes de que termine la semana. Tenéis veinticuatro horas para firmar.