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Chapter 25

Capítulo 25: Cenizas y traición

El caos se apoderó de Cobo Calleja. Los furgones de la Policía y los bomberos irrumpieron en el callejón con las sirenas clamando en la noche, intentando sofocar el fuego que devoraba la nave industrial.

Alejandro protegió a Mariana con su cuerpo, asegurándose de que no tuviera heridas por los cristales rotos. Ambos bajaron del vehículo, conmocionados. Entre el humo y los gritos de los agentes, Mariana vio a Carmen de la Vega llegar en su propio coche, mostrando una expresión de horror genuino.

—¡Ese desgraciado se ha suicidado! —exclamó Carmen, acercándose a ellos con las manos temblando—. Tenía la nave cableada con explosivos. Prefirió volar por los aires antes que volver a prisión.

El sargento Castro se aproximó a ellos dos horas después, con el rostro cubierto de hollín.

—Hemos encontrado un cuerpo carbonizado cerca de la entrada principal, señorita Salvatierra. El forense tendrá que hacer las pruebas de ADN, pero todo indica que los discos duros y el señor Altamirano se han convertido en cenizas. El caso está cerrado.

Alejandro abrazó a Mariana, intentando consolarla.

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—Se acabó, Mariana. Por fin se ha terminado de verdad.

Sin embargo, Mariana se quedó mirando los restos humeantes de la nave. Algo en su interior se negaba a creerlo. Rodrigo le había pegado cincuenta veces en aquel penthouse de Polanco, planificando cada golpe para que no dejara marcas visibles en sus reuniones sociales. Un hombre así, meticuloso y cobarde, no se inmolaba en un polígono industrial de Madrid. Aquella explosión no era un suicidio; era una cortina de humo.

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