Chapter 17

Capítulo 17: Tormenta en Vigo
El puerto de Vigo los recibió con una lluvia gris y persistente que envolvía las rías gallegas en una bruma densa. Mariana y Alejandro se reunieron en una comisaría local con el inspector jefe de la UDEF, un gallego curtido llamado sargento Castro, quien examinó los documentos digitalizados aportados por la fundación.
—Esta información es oro puro, señorita Salvatierra —dijo el sargento Castro, ajustándose el chaleco antibalas—. Llevamos dos años detrás de la naviera Mar de Sálvora, pero los Valenzuela tienen informantes en todas partes y siempre conseguían limpiar los barcos antes de nuestras inspecciones. Con estas coordenadas exactas del doble fondo, el juez nos ha concedido la orden de registro inmediata. El buque entra en puerto en una hora.

Mariana insistió en acompañar al contingente policial, manteniéndose en un coche camuflado a una distancia segura dentro de la zona portuaria. A través de los cristales empañados por la lluvia, vio cómo el enorme buque mercante amarraba en los muelles de carga.
De repente, tres coches patrulla y dos furgones de los agentes de aduanas irrumpieron en el muelle con las sirenas apagadas. Decenas de policías armados subieron a bordo, tomando por sorpresa a la tripulación.
Pasaron cuarenta minutos de angustiosa espera. El silencio de la radio de la policía ponía los nervios de Mariana a flor de piel. Alejandro le apretaba la mano en señal de apoyo. De pronto, la radio del coche patrulla donde se encontraban cobró vida con la voz del sargento Castro.
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—¡Atención a central! Objetivo asegurado. Hemos localizado el compartimento estanco bajo la sala de máquinas. Encontramos doce palés con cajas de caudales. Repito: cargamento de efectivo localizado. Solicitamos furgones de seguridad para el traslado del numerario.
Mariana soltó un suspiro de alivio. El mayor golpe financiero contra los Valenzuela acababa de ejecutarse. Pero la celebración fue efímera; el peligro real apenas comenzaba.