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Chapter 20

Capítulo 20: El abismo y el mañana

Carlos Valenzuela se vio rodeado. Miró a los agentes que avanzaban con escudos y armas largas, luego miró a Mariana con una mueca de odio absoluto. Al darse cuenta de que la transferencia que había recibido era un engaño y de que no tenía escapatoria, tomó una decisión desesperada. Corrió hacia Mariana, intentando arrastrarla con él hacia el borde del acantilado en un último acto de venganza.

—¡Si yo caigo, tú vienes conmigo! —gritó el hombre, agarrándola fuertemente del abrigo.

Mariana luchó con todas sus fuerzas, aferrándose a la roca caliza. Las cicatrices de su espalda parecieron arder, recordándole que ella ya no era la mujer indefensa de Polanco. Con un movimiento rápido y certero, zafó su brazo y empujó a Carlos con el cuerpo. El hombre resbaló en el suelo empapado por la marea y perdió el equilibrio, quedando suspendido en el borde del abismo por unos segundos angustiosos antes de que dos agentes de la Guardia Civil lograran sujetarlo del brazo y ponerle las esposas, salvándole la vida de milagro.

La calma regresó lentamente a Finisterre mientras los médicos atendían a Héctor y los agentes se llevaban detenido a Valenzuela. Alejandro llegó corriendo al lugar, abrazando a Mariana con una mezcla de alivio y emoción contenida.

—Se ha terminado, Mariana. El clan Valenzuela está desarticulado por completo. Tu padre está a salvo y las cuentas de tu fundación están limpias y protegidas para siempre —dijo Alejandro, mirándola a los ojos con profunda admiración.

Mariana asintió, mirando el amanecer gris que empezaba a despuntar sobre el océano Atlántico. Se sentía exhausta, pero inmensamente libre. El pasado que la encadenaba a México y los secretos de su padre en España se habían disipado entre la tormenta.

Tres semanas después, Mariana caminaba por el Retiro, en Madrid. Su padre había decidido regresar a Querétaro para retirarse definitivamente del mundo empresarial y vivir una vida tranquila. Ella, en cambio, había elegido quedarse en España para expandir la Fundación Meridian por Europa junto a Alejandro.

Su móvil vibró en el bolsillo. Al sacarlo, vio que era una notificación de un correo electrónico encriptado de la abogada Laura Barragán. Mariana abrió el mensaje esperando un reporte de rutina de la sede de Coyoacán, pero el contenido del archivo adjunto la dejó helada.

Era un informe forense confidencial de la prisión de máxima seguridad de México, fechado esa misma mañana. El documento indicaba que, durante el traslado de los reos tras la última redada, la celda de aislamiento de Rodrigo Altamirano había sido encontrada vacía. No había signos de violencia, ni cerraduras forzadas, solo una nota manuscrita sobre el jergón de cemento dirigida expresamente a ella.

Mariana abrió la imagen de la nota adjunta. La caligrafía era inconfundiblemente la de su exmarido:

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«Creíste que el fin del mundo estaba en Galicia, Mariana. Pero el mundo es redondo, y yo acabo de salir a la superficie. Nos vemos pronto en Madrid».

Mariana levantó la vista del teléfono, sintiendo que el aire del parque madrileño se congelaba a su alrededor. Miró hacia las avenidas colmadas de gente, dándose cuenta de que la sombra de Rodrigo nunca se había marchado del todo y que una nueva e impredecible persecución estaba a punto de comenzar.

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