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Chapter 21

Capítulo 21: La sombra en el Retiro

El Paseo del Estanque en el Parque del Retiro pareció perder todo su color. Mariana sostenía el teléfono con las manos petrificadas, releyendo la caligrafía de Rodrigo. ¿Cómo era posible? Un penal de máxima seguridad en el centro de México no era un lugar del que alguien se esfumara sin la complicidad de las esferas más altas del poder.

—¿Mariana? Te has quedado pálida, ¿qué ocurre? —preguntó Alejandro, alcanzándola con dos cafés para llevar.

Ella no habló. Le tendió la pantalla. Alejandro leyó la nota de Rodrigo y su expresión se endureció al instante. Dejó caer los cafés en una papelera cercana y la tomó de los hombros.

—Tenemos que irnos de aquí ahora mismo. Si ha escapado y se ha tomado la molestia de enviarte esto a través de Laura, significa que ya tiene una infraestructura fuera de México. No podemos volver al piso de Chamberí.

—No voy a huir más, Alejandro —dijo Mariana, con una rabia sorda que sustituyó al miedo—. Rodrigo ya no tiene dinero, no tiene el apoyo de su madre y los Valenzuela están destruidos. ¿Con qué recursos piensa cruzar el Atlántico?

—Te equivocas, Mariana —replicó Alejandro mientras la guiaba apresuradamente hacia la salida del parque que da a la Puerta de Alcalá—. Rodrigo no necesita su propio dinero si se ha aliado con los enemigos de tu padre. En el negocio del blanqueo de capitales, cuando un clan cae, otro se queda con sus deudas y sus activos ocultos. Vámonos.

Al subir a un taxi, el móvil de Mariana volvió a vibrar. Esta vez era una llamada de Laura Barragán desde México. Su voz sonaba distorsionada por el pánico.

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—Mariana, menos mal que respondes. La fuga de Rodrigo fue un montaje interno. Alguien pagó veinte millones de dólares a la dirección del penal. No se fue solo; se llevó consigo los discos duros con las identidades de los donantes internacionales de la fundación. Si esos nombres salen a la luz, Meridian se acaba. Tienes que esconderte.

Mariana colgó. Miró las calles de Madrid a través de la ventanilla. La ciudad que un día le pareció un refugio se había convertido, de la noche a la mañana, en un laberinto sin salida.

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