Chapter 11

Capítulo 11: La llanura de los secretos
El viernes de madrugada, el coche oficial surcaba la autovía del Norte bajo una lluvia fina que empañaba los campos de Castilla. El silencio dentro del habitáculo era denso. Al volante, Gabriel Reyes conducía con la vista fija en el asfalto, mientras Valeria, en los asientos traseros, repasaba una y otra vez el contenido del sobre negro.
—Estamos entrando en la provincia de Palencia, Valeria —anunció Gabriel, rompiendo el silencio—. Las coordenadas nos desvían hacia una antigua zona industrial abandonada desde los años noventa. Tu padre compró esos terrenos a través de una filial extinta justo antes de que tú nacieras.
—Mi padre nunca daba un paso en falso, Gabriel —respondió ella, guardando los papeles—. Si compró este lugar y lo mantuvo oculto incluso del balance oficial del grupo, es porque aquí se esconde el origen de toda nuestra fortuna... o de nuestra ruina.

El vehículo se detuvo frente a las verjas oxidadas de una fábrica textil abandonada. La estructura de ladrillo visto se alzaba como un esqueleto entre la niebla. Valeria bajó del coche, protegiéndose con una gabardina oscura.
Al final del patio principal, junto a la antigua zona de carga, soplaba el viento. No había nadie. Sin embargo, la puerta de las oficinas principales estaba entornada, y una débil luz parpadeaba en el interior.
—Quédate aquí, Gabriel. Si no salgo en veinte minutos, llama a la policía del complejo —ordenó Valeria.
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—Ni hablar, señora presidenta. Su padre me encargó protegerla —replicó él, sacando una linterna táctica—. Entramos juntos o no entra nadie.
Valeria asintió levemente. Empujaron la puerta de hierro, que emitió un chirrido que resonó en todo el complejo abandonado. La verdadera boca del lobo los esperaba dentro.