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Chapter 41

Capítulo 41: El dilema del fin del mundo

Las luces rojas de emergencia seguían barriendo la sala de juntas de Wall Street. El segundero digital de la pantalla principal bajaba implacable: 08:42... 08:41... El estruendo de las alarmas antipánico de Nueva York se filtraba a través de los cristales blindados.

—¡Valeria! —gritó Gabriel, con las manos suspendidas sobre el teclado de la terminal—. Si pulso la tecla de escape, abortamos el borrado total, pero el sistema revertirá los activos a la configuración de hace diez años. Eso significa que Leonor y tu madre recuperarán el control absoluto de todo. Volveremos a la casilla de salida. Tú perderás el fideicomiso y yo iré a prisión.

Victoria Vane dio un paso hacia su hija, con las manos suplicantes.

—Valeria, escúchalo. Detén esa locura. No puedes permitir que el imperio de nuestra familia se disuelva en la nada por el orgullo de tu padre. ¡Somos las dueñas del mundo!

Leonor, sin embargo, permanecía inmóvil, mirando la pantalla con una sonrisa macabra.

—Déjala, Victoria. No tiene las agallas. Tu hija prefiere ser una reina de la nada antes que una sierva del Consorcio. Si el sistema se borra, el colapso financiero global arrastrará a todos los bancos centrales. Nosotras caeremos, Valeria, pero tú y tu hijo os ahogaréis en la miseria con el resto de la humanidad.

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Valeria miró a su hijo en el portabebés. El niño la miraba con unos ojos grandes y limpios, ajeno a la codicia que devoraba la estancia. La presidenta respiró hondo, apartó a Gabriel del teclado con un movimiento firme y se plantó frente a la pantalla.

—Os equivocáis las dos —sentenció Valeria, clavando sus ojos en las dos ancianas—. Mi padre me enseñó que un imperio construido sobre el miedo y la sangre no es un hogar, es una prisión. Gabriel... no pulses la tecla de escape. Deja que el temporizador llegue a cero.

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