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Chapter 4

Capítulo 4: Hilos en la sombra

La pantalla del teléfono privado seguía parpadeando. El reflejo de la luz azulada iluminaba el rostro de la presidenta, que permanecía inmóvil frente al gran ventanal de su oficina. Gabriel Reyes dio un paso al frente, con el semblante tenso.

—¿Señora presidenta? No responda. Podríamos rastrear la señal si me da unos minutos con el equipo de ciberseguridad —sugirió Gabriel en un susurro.

Ella levantó una mano, silenciándolo. Deslizó el dedo por la pantalla y se llevó el teléfono a la oreja. No dijo nada. Esperó.

Al otro lado de la línea, se escuchó una respiración pausada, seguida de una voz distorsionada digitalmente, fría y carente de cualquier rastro humano.

Enhorabuena por recuperar tu juguete, Valeria —dijo la voz—. Tu padre fue astuto al construir ese fideicomiso, pero cometió un error fatal: creer que el dinero de unos muertos de hambre como tu exmarido bastaría para frenarnos.

Valeria apretó los dientes, manteniendo la voz tan firme como el acero.

—¿Quién eres? Mis abogados y la auditoría forense ya están rastreando cada céntimo que entró en las cuentas de mi exmarido. Si crees que te vas a esconder detrás de un modulador de voz, vas listo.

Una risa metálica resonó en el auricular.

Busca todo lo que quieras. Lo que encuentres en esa filial extranjera no será más que la punta del iceberg. Tienes siete días antes de la próxima junta general de accionistas. Si para entonces no has dimitido, el secreto por el que tu padre dio la vida saldrá a la luz. Disfruta del despacho mientras puedas.

La llamada se cortó. Valeria bajó el teléfono lentamente.

—Gabriel —dijo, volviéndose hacia su asesor—. Olvídate del divorcio por un momento. Eso ya está en manos de la fiscalía. Necesito que abras el archivo muerto de la filial de Suiza de hace tres años. Mi padre bloqueó una inversión multimillonaria justo antes de enfermar. Ahí es donde empezó todo.

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Gabriel asintió, con los ojos llenos de determinación.

—Nos pondremos con ello de inmediato. Pero recuerde una cosa, Valeria: si tocamos esa filial, despertaremos a los verdaderos tiburones de la City.

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