Chapter 20

Capítulo 20: El nuevo horizonte

La noche volvió a caer sobre la torre corporativa, tiñendo el despacho presidencial de sombras alargadas. Tristán Mendoza ya dormía en los calabozos de la Audiencia Nacional y los informativos internacionales no hablaban de otra cosa que de la valentía de la joven presidenta que había plantado cara a la corrupción global. La nueva empresa limpia creada por Valeria cotizaba al alza, salvando miles de puestos de trabajo. El éxito era total.
Sin embargo, el ambiente en la oficina principal era fantasmal. Valeria permanecía sentada frente a la terminal informática que Gabriel había trasladado desde el sótano de Palencia. Sus dedos temblaban sobre el teclado.
Gabriel entró con un biberón caliente para el bebé, que descansaba en la cuna. Al ver el rostro pálido de Valeria, se temió lo peor.
—¿Qué pasa, Valeria? ¿Ha encontrado el archivo del que habló Mendoza?
Valeria no respondió con palabras. Se apartó de la pantalla para dejar que Gabriel leyera el documento recién desencriptado. El archivo contenía el acta de nacimiento original de la madre de Valeria, junto con una serie de contratos de financiación internacional que databan de los años setenta.
La madre de Valeria, que supuestamente había fallecido en un accidente de coche cuando ella era una niña, no pertenecía a una familia humilde de provincias como su padre siempre le había contado. Era la heredera legítima del Grupo Vane, el conglomerado bancario y armamentístico más opaco e influyente del continente americano, la organización criminal de cuello blanco que financiaba, en última instancia, al propio Consorcio Alfa.
De pronto, la luz del despacho parpadeó y el teléfono privado de Valeria volvió a vibrar sobre la mesa de madera. La pantalla no mostraba un número desconocido, sino un nombre de contacto que se autoconfiguró en la agenda en ese mismo instante a través de un hackeo remoto: "Grupo Vane - Oficina Central".
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Valeria miró a su hijo, que acababa de abrir sus pequeños ojos en la cuna, y luego miró fijamente el teléfono que no dejaba de sonar. Gabriel la observó, sabiendo que la respuesta a esa llamada cambiaría la historia no ya de una empresa, sino del equilibrio de poder global.
Valeria extendió la mano, rozando la pantalla táctil con el dedo, con una mirada donde el miedo se mezclaba con una ambición indomable que acababa de despertar. Deslizó el dedo para responder.