Chapter 21

Capítulo 21: La voz del Atlántico
Valeria presionó el botón de altavoz. El zumbido de la línea satelital precedió a una voz femenina, madura, de una elegancia aristocrática y un acento impecable que denotaba décadas de vida entre Ginebra y Nueva York.
—Hola, Valeria. Ha pasado mucho tiempo desde que eras una niña que corría por los jardines de Madrid —dijo la voz—. Lamento que hayas tenido que pasar por el lodazal de ese matrimonio para demostrar de lo que eres capaz. Tu abuelo estaría muy orgulloso.
Valeria sintió que la sangre se le congelaba, pero mantuvo la voz firme, clavando la mirada en Gabriel, que permanecía inmóvil junto a la cuna.
—¿Quién eres? Mi madre murió en un accidente de tráfico cuando yo tenía cinco años. Mi padre me lo dejó muy claro.

Una risa suave y carente de calidez flotó en el aire del despacho.
—Tu padre te mintió para proteger su pequeño orgullo burgués, mi niña. Mi nombre es Leonor Vane. Soy la directora ejecutiva del Grupo Vane y... soy tu tía abuela. Tu madre no murió en un accidente; huyó con Julián porque no tenía el estómago para liderar nuestro legado. Pero tú... tú acabas de aplastar a Tristán Mendoza con una frialdad matemática. Tienes la sangre Vane corriendo por tus venas.
Valeria apretó los puños contra la mesa de madera.
—Mendoza está en prisión. Su consorcio está desmantelado. No sé qué queréis de mí, pero he limpiado esta empresa y no pienso volver a ensuciarla con vuestro dinero.
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—Oh, Valeria, qué ternura —respondió Leonor con desdén—. ¿De verdad crees que la fiscalía española puede tocarnos? Mendoza era solo un empleado molesto que se estaba quedando con demasiado porcentaje. Nos has hecho un favor al quitarlo de en medio. El próximo mes se celebra la cumbre anual del Grupo Vane en Zúrich. Tu asiento en el consejo principal ya está reservado. Si no asistes, los mercados internacionales recordarán que la nueva empresa "limpia" que has creado se financió originalmente con nuestros bonos. Te esperamos, Valeria. Trae al niño. Después de todo, él es el próximo heredero.
La llamada se cortó de golpe. El silencio regresó al despacho, pero esta vez traía consigo el aroma del peligro global.