Chapter 50

Capítulo 50: El filo de la navaja (Final abierto)

La medianoche encontró a Valeria de nuevo en su despacho de la Torre Vane-Fénix. El silencio era absoluto. El colgante de plata descansaba sobre la mesa de madera, reflejando la luz del flexo de su escritorio. A su lado, la tablet mostraba la terminal internacional conectada con la base de datos de la banca vaticana, esperando que introdujera la clave que su madre le había dejado.
Gabriel entró en la oficina sin llamar. Llevaba una gabardina oscura y un sobre en la mano. Su mirada ya no era la del asesor sumiso, sino la del hombre que había llegado al límite de sus principios.
—He recibido los informes de ciberseguridad sobre el colgante, Valeria. Es real. La cuenta del Vaticano existe y los flujos de capitales que se mueven desde allí triplican el valor de toda nuestra corporación. Si introduces esa clave, cruzarás una línea de la que no hay retorno. Te vincularás formalmente con los verdaderos arquitectos del sistema global.
Valeria miró el colgante y luego levantó la vista hacia Gabriel.
—Si no la introduzco, Gabriel, nos destruirán desde la sombra. Jugarán con nosotros como Leonor jugó con mi padre. No tengo opción.
Gabriel dejó el sobre sobre la mesa, justo al lado del colgante. Era su renuncia definitiva, esta vez firmada con su propio sello personal.
—Siempre hay una opción, Valeria. Tu padre prefirió morir intentando borrar el imperio para darte una vida normal. Tú vas a activar la clave para gobernar un mundo que no te pertenece por miedo a perder lo que ya tienes. Me voy, Valeria. Esta vez no habrá billete de vuelta desde Londres. No puedo quedarme a ver cómo terminas el trabajo que tu madre empezó.
Gabriel se dio la vuelta y caminó hacia la puerta principal. Su silueta se recortó contra las luces de los rascacielos de Madrid antes de desaparecer por el pasillo, dejando a la presidenta completamente sola en la inmensidad de su torre de cristal.
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El teléfono privado de Valeria emitió un pitido suave. En la pantalla parpadeó un mensaje con un prefijo telefónico que correspondía a las oficinas centrales de Roma, mostrando un único cuadro de texto: "La silla del consejo principal está lista, señora presidenta. El mundo está esperando su decisión. ¿Entra o se quema?".
Valeria miró el portabebés donde su hijo respiraba compasadamente en el silencio de la noche, y luego fijó la vista en el teclado del ordenador. Con una mirada donde el miedo de la madre se fundía por completo con la ambición implacable de la emperatriz de los negocios, Valeria extendió los dedos sobre el teclado, acariciando la primera letra de la clave que cambiaría la historia del poder para siempre.