Chapter 39

Capítulo 39: La víspera del juicio final
Valeria miró a Gabriel a los ojos. Por un momento, la tentación de rendirse, de dejar caer el imperio y huir con el hombre que siempre la había cuidado pareció la opción más sensata. Ser una mujer normal, una madre normal, lejos de la sangre y el dinero sucio.
Pero entonces, la imagen de su hijo durmiendo en la cuna de su fortaleza fortificada apareció en su mente. Si huía, el Grupo Vane tarde o temprano iría a buscar al niño para reclamar su sangre y su herencia. Los monstruos no se olvidan de sus herederos.
Se soltó suavemente del agarre de Gabriel y se puso en pie, limpiándose las lágrimas. Su rostro volvió a adoptar esa expresión de mármol impenetrable que infundía terror en los consejos de administración.

—No voy a huir, Gabriel —dijo Valeria, con una voz helada que helaría el mismísimo desierto—. Si mi madre y Leonor quieren usar este mundo como su tablero de juego, voy a ir a Nueva York y voy a volcar la mesa. Preparar el jet privado. Vamos a asistir a esa junta general de accionistas.
Gabriel se levantó, sabiendo que ya no había marcha atrás. La mujer inocente que una vez conoció había muerto de forma definitiva, y en su lugar quedaba la criatura más peligrosa que el sector financiero de Europa hubiera visto jamás.
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—¿Cuál es el plan, señora presidenta? —preguntó Gabriel, asumiendo de nuevo su rol de estratega con una mezcla de resignación y admiración.
—Alejandro De la Vega va a comprar los bancos europeos mañana por la mañana. Eso cortará el suministro de liquidez de Leonor en el continente. Al mismo tiempo, entregaremos las pruebas de fraude a la SEC contra el consorcio de mi madre. Las atraparemos a las dos en un movimiento de pinza. El imperio de los Vane morirá en Nueva York... y nosotros nos quedaremos con los restos.