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Chapter 35

Capítulo 35: Alianzas forzosas

Valeria pasó el resto de la noche en vela. Se dio cuenta de que Gabriel tenía razón en algo: se habían convertido en los títeres de un juego mucho mayor. Leonor quería usarla para limpiar su propia casa en el Grupo Vane, y los disidentes querían usar a Gabriel para destruir a Leonor. Si continuaban luchando entre ellos, ambos terminarían muertos.

Al amanecer, Valeria tomó una decisión que iba en contra de todo lo que su paranoia le dictaba. Convocó a Gabriel a una reunión secreta en el único lugar donde nadie sospecharía: el sótano abandonado de la fábrica de Palencia, el lugar donde comenzó todo.

Gabriel llegó dos horas después, con el semblante serio y desconfiado. Al ver a Valeria sola en la penumbra del sótano, se detuvo a unos metros de ella.

—¿A qué juegas ahora, Valeria? ¿Es una trampa de la UDEF?

—Leonor Vane estuvo en mi casa anoche, Gabriel —dijo ella directamente, sin rodeos—. Entró en el cuarto de mi hijo.

El rostro de Gabriel cambió por completo, perdiendo toda su frialdad británica. Dio un paso al frente, preocupado.

—¿El niño está bien?

—Sí. Pero me dio un ultimátum. Dice que tu fondo de Londres está financiado por los disidentes del Grupo Vane que quieren derrocarla a ella. Si no te destruyo yo en el mercado, ella te matará físicamente.

Gabriel guardó silencio, asimilando la información. Se pasó una mano por el rostro, visiblemente cansado.

—Tiene razón, Valeria. Cuando me fui de Madrid, busqué inversores internacionales para financiar mi proyecto. Un consorcio de bancos suizos me ofreció el capital sin pedir explicaciones. Hace una semana descubrí que ese consorcio pertenece a la facción menor de los Vane. Me han usado.

Valeria se acercó a él, y por primera vez en años, la mirada de la presidenta se suavizó, mostrando un destello de la mujer que solía ser.

—No podemos seguir con esta guerra, Gabriel. Si tú caes, ellos se quedan con tus patentes. Si yo caigo, se quedan con mi empresa. Tenemos que fingir que seguimos enfrentados para engañar a Leonor, mientras desmantelamos el consorcio desde dentro. Un pacto de sangre. ¿Estás dentro?

Gabriel miró la mano tendida de Valeria. Tras unos segundos de duda, la estrechó con fuerza.

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—Dentro. Pero con una condición, Valeria: cuando esto termine, la tecnología de tu padre se liberará para el mundo. No más secretos.

—Primero sobrevivamos, Gabriel. Luego cambiaremos el mundo.

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