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Chapter 12

Capítulo 12: El sótano de Palencia

El interior de la fábrica olía a humedad y a maquinaria oxidada. Siguiendo las indicaciones de las notas manuscritas de su padre, Valeria y Gabriel cruzaron el vestíbulo principal hasta encontrar una trampilla oculta bajo unas viejas planchas de metal en el suelo del almacén.

Bajaron por una escalera de caracol oxidada que los condujo a un sótano fortificado que no constaba en ningún plano municipal. Al iluminar las paredes con la linterna, descubrieron filas de archivadores metálicos y, en el centro, una moderna terminal informática que, extrañamente, seguía conectada a la corriente, con una luz verde parpadeando.

—Esto no es un sótano de fábrica —murmuró Gabriel, revisando las instalaciones—. Es un centro de datos privado.

En una mesa cercana, un ordenador antiguo mostró un cuadro de texto en la pantalla: "Introduzca la clave del sobre negro". Valeria sacó la nota de su padre. En el reverso del papel, casi invisible, había una serie de números impresos bajo el sello privado. Con las manos temblorosas, introdujo el código.

La pantalla parpadeó y comenzó a desplegar una lista de nombres de altos cargos políticos, jueces, y presidentes de los bancos más importantes de Europa. Junto a cada nombre, figuraban transacciones financieras multimillonarias de una cuenta llamada "Consorcio Alfa".

De repente, una voz pausada resonó desde las sombras del fondo del sótano.

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—Vaya, Valeria. Sabía que serías tan eficiente como Julián. Tu padre tardó diez años en recopilar esa información. Tú solo has tardado un mes en encontrarla.

Valeria giró la linterna hacia la oscuridad. Un hombre de mediana edad, vestido con un traje impecable y un abrigo largo de lana gris, dio un paso al frente. Sus ojos reflejaban una inteligencia fría y calculadora. Valeria reconoció su rostro al instante por las revistas de geopolítica mundial: era Tristán Mendoza, el esquivo magnate de los fondos de inversión soberanos de Europa.

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