Chapter 28

Capítulo 28: El precio de la desconfianza
Los meses pasaron y la estabilidad regresó a la vida de Valeria, pero el cambio interno en ella era innegable. La seguridad en torno a su persona y a su hijo se había vuelto obsesiva. La residencia privada se había transformado en una auténtica fortaleza militarizada, y cada nuevo contrato o empleado que entraba en la compañía era sometido a una auditoría forense y a una investigación de antecedentes que rozaba la paranoia.
Una tarde, Gabriel entró en el despacho con una propuesta de inversión de un consorcio de pequeñas empresas locales que buscaban implementar la tecnología Fénix en hospitales públicos españoles.
—Es un proyecto social magnífico, Valeria —explicó Gabriel, entusiasmado—. No nos generará grandes beneficios a corto plazo, pero consolidará nuestra reputación y ayudará a miles de personas. Es exactamente el tipo de proyectos que su padre quería para esta empresa.
Valeria revisó los documentos con una frialdad analítica que asustó a Gabriel. Pasó las páginas con rapidez y arrojó la carpeta sobre la mesa.

—Denegado, Gabriel —sentenció Valeria de forma cortante.
—¿Por qué? —preguntó él, perplejo—. Los números son estables y el riesgo es mínimo.
—El riesgo nunca es mínimo, Gabriel —replicó ella, levantándose y mirándolo con ojos fijos—. Tres de las empresas de ese consorcio tienen conexiones indirectas con un banco que fue absorbido por el Grupo Vane hace diez años. Podría ser un caballo de Troya de Leonor para meter un pie en nuestra red de distribución. No voy a permitir que nadie se acerque a mi tecnología.
—Valeria, está viendo fantasmas en todas partes —advirtió Gabriel con preocupación genuina, dando un paso hacia ella—. Está rechazando un proyecto benéfico por una conexión que ocurrió hace una década. Se está aislando del mundo. Se está convirtiendo exactamente en lo que Leonor predijo en Zúrich.
Valeria golpeó la mesa con la palma de la mano, con una furia que hizo que Gabriel diera un paso atrás.
—¡Estoy protegiendo a mi hijo, Gabriel! ¡Estoy protegiendo lo que construí con mi sangre! Si tengo que volverme paranoica para que nadie nos vuelva a arrastrar al sótano de la humillación, lo haré. Y no toleraré que nadie en este consejo, ni siquiera tú, cuestione mis decisiones de seguridad.
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Gabriel la miró en silencio durante unos largos segundos. El dolor y la decepción se reflejaban en su rostro. Inclinó la cabeza con respeto profesional, pero la calidez de su antigua amistad había desaparecido por completo.
—Entendido, señora presidenta. No volverá a ocurrir.