Chapter 42

Capítulo 42: Cenizas digitales
—¿Qué has hecho? —chilló Victoria, perdiendo los papeles por completo mientras intentaba abalanzarse sobre la terminal, pero Gabriel se interpuso con firmeza.
El segundero llegó a cero: 00:00.
De golpe, todas las pantallas de la sala se tiñeron de un negro absoluto. Las alarmas de incendios se apagaron, dejando el despacho sumido en un silencio sepulcral, roto solo por el murmullo del tráfico neoyorquino en la calle. Los servidores del Grupo Vane, las cuentas ocultas de Suiza, los registros del Consorcio Alfa y los bonos de deuda de tres continentes acababan de ser reducidos a líneas de código inservibles. El imperio más opaco del planeta había dejado de existir en un latido.
Leonor Vane se dejó caer en su silla de cuero, con el rostro envejecido diez años en un segundo. Sus ojos, antes llenos de una malicia inteligente, ahora estaban vacíos.

—Nos has destruido... —susurró Leonor, mirando sus manos temblorosas—. Has destruido el equilibrio.
—No, Leonor. He limpiado el tablero —replicó Valeria, recogiéndose el abrigo blanco con una elegancia glacial—. Gabriel, vámonos. El aire de esta sala está podrido.
Victoria intentó detener a Valeria tomándola del brazo a la salida, pero Valeria se soltó con un desprecio que dolió más que cualquier bofetada.
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—Valeria, soy tu madre... No puedes dejarme aquí sin nada —suplicó la mujer.
—Mi madre murió cuando yo tenía cinco años, la noche que decidió que el dinero del Grupo Vane valía más que ver crecer a su hija. Que tengáis un buen día, señoras.