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Chapter 10

Capítulo 10: Un hilo de sospecha

Un mes después, Camila regresó a su casa frente al mar en Nayarit. La brisa marina y el sonido de las olas finalmente le devolvieron la tranquilidad que tanto anhelaba. La venta de la finca se había completado, Rodrigo y su padre enfrentaban condenas de más de quince años de prisión, y Valeria trabajaba en una oficina gubernamental de bajo perfil, lejos de los lujos que solía presumir.

Era un nuevo comienzo.

Camila preparó su desayuno, sirvió una taza de café y se sentó en la terraza a disfrutar del amanecer. Tomó su teléfono para revisar las noticias del día, sintiéndose completamente en paz.

De repente, la pantalla de su teléfono se iluminó con una llamada de un número oculto. Camila dudó un segundo, pero finalmente contestó.

—¿Bueno? —dijo ella.

Al otro lado de la línea, solo se escuchaba el sonido del viento y... el zumbido constante de un refrigerador viejo, un sonido idéntico al que recordaba de aquella cocina en Valle de Bravo.

Una voz suave, distorsionada y helada habló:

—¿De verdad creíste que Rodrigo era el único Santillán que sabía cómo golpear, Camila? Tu nueva dirección es hermosa... especialmente desde la colina de enfrente.

La llamada se cortó de inmediato.

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Camila se puso de pie de golpe, dejando caer su taza de café, que se estrelló contra el suelo de la terraza, derramando el líquido oscuro sobre el piso claro. Con el corazón latiendo a mil por hora, miró hacia las colinas que rodeaban su propiedad en Nayarit. Entre la vegetación, a lo lejos, el destello de un lente de cámara reflejó la luz del sol por un breve instante antes de desaparecer.

La pesadilla no había terminado. Solo había cambiado de rostro.

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