Chapter 46

Capítulo 46: Chispas en el ático

Antes de que el dedo índice de Camila pudiera presionar la tecla de ejecución del protocolo, la imponente puerta de vidrio templado de la oficina se hizo añicos con un estruendo ensordecedor.
Rodrigo Santillán entró en el despacho como un animal herido y enloquecido por la tormenta. Su máscara de polímero negro estaba salpicada de agua, sangre y lodo de la selva, y sus ropas estaban desgarradas, revelando los vendajes sucios de su hombro derecho. En su mano sostenía un revólver de cañón largo con el que apuntaba directamente al pecho de Mauricio de la Vega.
—¡Hicimos un trato, Mauricio! —gritó Rodrigo, con la voz rota y temblorosa por el dolor físico y la demencia—. ¡Tú me prometiste que ella sería mía! ¡Me dijiste que yo me quedaría con Camila y tú con el dinero del fideicomiso suizo! ¡Me volviste a traicionar como mi padre!
—Eres un psicótico inestable, Rodrigo —respondió Mauricio sin siquiera parpadear, manteniendo la elegancia de su postura—. Ya no eres útil para mis negocios. De hecho, eres un cabo suelto sumamente molesto. Deshazte de él —ordenó a su guardia.
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El mercenario que sostenía a Lupita giró rápidamente su arma para apuntar a Rodrigo, pero la locura de este último fue más veloz. Dos disparos secos y ensordecedores resonaron en el espacio cerrado de la oficina. El guardia de Mauricio cayó pesadamente sobre la alfombra de diseño con un impacto en el pecho, soltando a Lupita en el proceso.
Lupita, con un instinto de supervivencia inmediato, se arrojó al suelo y comenzó a arrastrarse debajo de la gran mesa de juntas de caoba, buscando la protección de las columnas metálicas.