Chapter 26

Capítulo 26: La ratonera de cristal

El golpe financiero fue inmediato. Al bloquearse los fondos de Ginebra, las tarjetas y los pagos de los hombres de Mateo Santillán en Europa quedaron inactivos. La desesperación comenzó a fracturar al bando enemigo.
Esa misma tarde, mientras Camila y Hugo planeaban su siguiente movimiento en un café cerca del muelle, el teléfono satelital de Camila recibió una videollamada.
Al contestar, la pantalla mostró una habitación oscura y húmeda. En el centro, atada a una silla y con el rostro ensangrentado, estaba Valeria Santillán.
Detrás de ella, una figura familiar se materializó en la penumbra. Rodrigo Santillán, con una cicatriz en la ceja y un aspecto demacrado pero lleno de una locura eléctrica, miró fijamente a la cámara.
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—Hola, mi amor —dijo Rodrigo, con una sonrisa torcida—. ¿Pensaste que podías ganarme en mi propio juego? Tu abogada y tú son muy inteligentes, pero olvidaron que en esta familia, los traidores pagan primero. —¡Rodrigo, déjala en paz! —gritó Camila, sintiendo una punzada de horror al ver el estado de su cuñada—. Ella no tiene nada que ver con esto. —Valeria abrió la boca con tu abogada, Camila. Y por su culpa, mi madre está en una celda —dijo Rodrigo, acercando la boca del cañón de un arma a la sien de su hermana—. Quieres el archivo Génesis, ¿verdad? Está aquí, conmigo. Si quieres salvar a tu cuñada y recuperar lo que te pertenece, ven a la antigua fábrica de relojes en las afueras de Lausana. Mañana a medianoche. Y no traigas a tu perro faldero. Si veo a Hugo, Valeria muere en directo.
La pantalla se apagó, dejando a Camila temblando de rabia y culpa en medio de la tranquilidad del café suizo.