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Chapter 21

Capítulo 21: El filo de la oscuridad

El aire en la cocina de Galicia se volvió denso, casi sólido. Camila sostenía el cuchillo con ambas manos, sintiendo el frío del metal en sus palmas sudorosas. La silueta en el umbral dio un paso más, revelando su rostro a medias bajo la luz parpadeante de un relámpago que cruzó el cielo atlántico.

No era Rodrigo.

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Era un hombre más joven, de complexión atlética, con una chaqueta impermeable empapada por la lluvia gallega. Sus ojos, sin embargo, tenían esa misma mirada calculadora y vacía que Camila había aprendido a temer.

—No des un paso más —advirtió Camila, apuntando con el arma blanca hacia su pecho—. ¿Quién eres y qué haces en mi casa? El hombre levantó las manos en señal de paz, pero no retrocedió. Su voz, cuando habló, tenía un marcado acento madrileño. —Señora Rivas, baje eso, por favor. Mi nombre es Hugo Herrera. Trabajo para una agencia de seguridad privada contratada por su abogada, Patricia Ocampo, en Madrid. Llevo dos semanas vigilando el perímetro de su casa. —¿Por qué no me avisaron? —exigió Camila, sin bajar el cuchillo. —Porque no queríamos alarmarla hasta estar seguros. Pero hace diez minutos cortaron la línea telefónica física y la energía de la subestación que alimenta esta colina. El motín en México no fue para liberar a Rodrigo. Rodrigo ya estaba fuera desde antes. Usó un doble en el penal durante semanas gracias a los sobornos de su madre. Camila sintió un vacío en el estómago. —Entonces, la transferencia... —Fue una distracción —dijo Hugo, mirando hacia las ventanas oscuras—. Él no está en México, señora Rivas. Y no viene solo. Su hermano está aquí, en España. Y viene a cobrar la última deuda.

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