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Chapter 8

Capítulo 8: El precio de la traición

La noche caía sobre la Ciudad de México cuando Camila regresaba a su departamento. Al entrar al estacionamiento subterráneo, las luces parpadearon y se apagaron por completo.

El silencio era sepulcral. Camila aceleró el paso hacia el ascensor, pero el sonido de unos pasos rápidos detrás de ella la hizo detenerse.

—¿Pensaste que ganarías tan fácil, preciosa?

Era la voz de Rodrigo. Salió de las sombras con el rostro deshecho por la ira y el alcohol, sosteniendo un arma en la mano. Su mirada era la de un hombre que ya no tenía nada que perder.

—Rodrigo, baja eso. Solo vas a empeorar las cosas para ti —dijo Camila, tratando de mantener la respiración bajo control.

—¡Me lo quitaste todo! —gritó él, apuntándole directamente al pecho—. Mi dinero, mi reputación, mi familia. Mi madre tiene que esconderse para que sus amigas no la miren con lástima. ¡Todo por tu maldito orgullo!

—Te lo quitaste tú solo el día que me pusiste la mano encima en esa cocina —respondió Camila, retrocediendo despacio—. Tu padre te traicionó, Rodrigo. Ya me entregó las cuentas de las Bahamas. Estás acabado.

—¡Mientes! —rugió él, amartillando el arma—. ¡Él nunca haría eso!

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En ese instante, un haz de luz cegador inundó el estacionamiento. Dos patrullas de la policía entraron a toda velocidad, acorralando a Rodrigo. Patricia había estado monitoreando el GPS del celular de Camila y dio aviso a las autoridades justo a tiempo.

Rodrigo, acorralado y cegado por los faros, soltó un grito de frustración. Sabiendo que no tenía escape, arrojó el arma al suelo y se arrodilló, llorando de pura impotencia mientras los oficiales lo sometían contra el piso húmedo.

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