Chapter 4

Capítulo 4: El eco de la venganza

La paz en Nayarit duró exactamente tres meses.
Una mañana, mientras el sol apenas teñía de dorado el Pacífico, Camila encontró una pequeña caja de madera sobre la mesa de su terraza. No había remitente. Al abrirla, el corazón se le congeló: dentro había un puñado de tierra húmeda de Valle de Bravo y un sobre con fotografías de ella tomadas desde la distancia, caminando por la playa.
El teléfono de Camila vibró. Era Patricia Ocampo.
—Camila, tenemos un problema grave —la voz de la abogada sonaba inusualmente tensa—. Rodrigo no va a ir a prisión. Sus abogados lograron apelar la medida cautelar argumentando fallos en el debido proceso. Está libre bajo fianza y no lo encontramos por ningún lado.
Camila apretó el borde de la mesa, mirando la tierra húmeda en la caja.
—Ya sé dónde está, Patricia. O al menos, sabe dónde estoy yo.

Mientras tanto, en un oscuro despacho privado en las Lomas de Chapultepec, Rodrigo Santillán bebía whisky frente a un hombre de traje impecable y mirada fría. Era Mauricio de la Vega, el mayor rival comercial de Rivas Horizonte Capital.
—Te lo advertí, Rodrigo —dijo Mauricio, encendiendo un puro—. Te casaste con la mujer más inteligente del sector financiero y creíste que podías dominarla con una bofetada. Ahora tu apellido no vale nada en la Bolsa.
Rodrigo, con los ojos inyectados de rabia y el orgullo herido, se inclinó sobre el escritorio:
—No me importa el apellido, Mauricio. Quiero verla caer. Ella me quitó mi vida, mi casa, mi dignidad. Ayúdame a asfixiar a Rivas Horizonte y yo te entregaré las firmas de los fideicomisos que ella aún no ha podido blindar.
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Mauricio sonrió con malicia, extendiendo la mano:
—Empecemos por cortar su oxígeno.