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Chapter 49

Capítulo 49: El amanecer de la justicia

Antes de que Mauricio de la Vega pudiera dar la orden de disparar, las luces de todo el complejo corporativo de Mérida se encendieron de golpe con una intensidad que cegó temporalmente a los presentes. Al mismo tiempo, las alarmas de incendio comenzaron a sonar en todo el edificio y el sistema de aspersores de emergencia del techo se activó, inundando la oficina con una lluvia fría que empapó las pantallas, los escritorios y los rostros de los hombres armados.

Por las enormes ventanas de cristal del último piso, tres helicópteros de la Marina Armada de México descendieron en posición de rappel estático, mientras comandos tácticos rompían los ventanales laterales con herramientas de impacto, entrando al despacho con armas de asalto listas.

Patricia Ocampo no había estado inactiva en la Ciudad de México. Utilizando la declaración jurada y las firmas que el exsenador Ignacio Peralta había entregado en Berna antes de su captura, había obtenido una orden de intervención federal de emergencia por amenaza a la seguridad nacional, saltándose cualquier nivel de corrupción o retraso legal de las autoridades locales que Mauricio solía controlar con sus millonarios sobornos.

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—¡Fuerzas Federales! ¡Todos al suelo! ¡Suelten las armas! —gritaron los oficiales de la Marina, reduciendo en segundos al segundo guardia de Mauricio y obligando al propio De la Vega a soltar su bastón y arrodillarse sobre la alfombra empapada, con su impecable traje gris completamente arruinado por el agua de los aspersores.

Lupita fue auxiliada por dos paramédicos militares que entraron de inmediato, mientras Camila caminaba hacia ella para abrazarla, sintiendo que el frío del agua del cenote finalmente comenzaba a desaparecer de su cuerpo.

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