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Chapter 44

Capítulo 44: El precio de una vida

Mauricio de la Vega hizo un leve ademán con la cabeza hacia uno de sus hombres. El mercenario retrocedió unos pasos hacia el área de los generadores y arrastró del brazo a Lupita. La mujer estaba atada de manos con precintos plásticos y tenía la boca cubierta con cinta industrial negra. Sus ojos, desorbitados por el pánico, se llenaron de lágrimas al ver a Camila empapada, temblando de frío y rodeada de armas.

—Las claves de encriptación biométrica del fideicomiso de Suiza requieren tu validación presencial en la terminal de tu oficina de la planta alta —explicó Mauricio, dando un paso al frente y apoyando el bastón con fuerza frente a ella—. El apagón que provocó el estúpido de tu exesposo solo afectó a las comunicaciones externas y a las cámaras de seguridad perimetrales. Los servidores internos y las terminales directas funcionan con la planta de luz secundaria del edificio. Vamos a subir a tu oficina, Camila. Vas a transferir la totalidad de las acciones a las cuentas de Mendoza & Asociados, y luego podrás decidir si te retiras a morir de vieja en Nayarit... o si prefieres acompañar a los peces en el fondo de este cenote.

Camila miró a Lupita. Vio el terror en el rostro de la mujer que la había defendido de la violencia de los Santillán desde el primer día, la mujer que representaba la parte más humana y noble de su reconstruida vida. No podía permitir que Lupita fuera otra víctima del egoísmo de su pasado.

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—Está bien —dijo Camila, apretando los puños para controlar el temblor de sus manos—. Subamos. Pero dejen a Lupita aquí. Ella no tiene nada que ver con el fideicomiso ni con las transferencias.

—No seas ingenua, Camila —replicó Mauricio con una sonrisa helada—. Lupita sube con nosotros. Ella es mi única garantía de que tus dedos no cometerán un "error de dedo" informático cuando estés frente al teclado. Muévanse.

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