Chapter 45

Capítulo 45: El ascenso al Olimpo

El grupo comenzó el ascenso por las escaleras de emergencia de la torre corporativa. El silencio en el edificio de oficinas era absoluto, roto únicamente por el siseo constante del sistema de ventilación que funcionaba a media capacidad con la energía de los generadores de respaldo. Cada piso que subían se sentía como un paso más hacia un patíbulo diseñado por la avaricia financiera.
Al entrar en la oficina principal de Camila, ubicada en el piso diez, la vista de la ciudad de Mérida de noche a través de los ventanales era impresionante, pero la belleza del paisaje contrastaba con la hostilidad que se respiraba en el interior. Mauricio empujó a Camila hacia la silla de piel de su escritorio de caoba.
—Enciende la terminal, Camila —ordenó Mauricio, mientras uno de sus guardias colocaba la boca del silenciador de su arma directamente contra la sien de Lupita—. Tienes exactamente tres minutos para iniciar la sesión antes de que mis hombres pierdan los buenos modales diplomáticos.
Camila presionó el botón de encendido de la computadora de escritorio. La brillante luz azul del monitor iluminó su rostro cansado, pero sus ojos permanecían fijos en las líneas de código que comenzaban a cargarse. Sus dedos se posicionaron sobre el teclado de aluminio, pero en lugar de acceder a la plataforma de la banca suiza, sus dedos comenzaron a teclear una secuencia de comandos oculta en el sistema operativo, una ruta que Patricia Ocampo había diseñado exclusivamente para situaciones de seguridad nacional.
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“Protocolo Fénix”, leyó Camila en la esquina superior izquierda de la pantalla. Era un software de autodestrucción de datos. Si presionaba la tecla Enter, la totalidad de las bases de datos de Rivas Horizonte Capital, los archivos de encriptación y el archivo Génesis se borrarían de manera permanente y sin posibilidad de recuperación de todos los servidores globales, dejando a la empresa en la quiebra absoluta, pero arrebatándole a Mauricio de la Vega y a Rodrigo cualquier motivo para mantenerla con vida.
Estaba a un solo clic de destruir el trabajo de toda su vida para salvar dos vidas.