Chapter 48

Capítulo 48: El último trato

—No vas a borrar nada, mi amor —susurró Rodrigo, apretando la muñeca de Camila con tanta fuerza que sintió que los huesos de su mano estaban a punto de ceder bajo la presión—. Si yo no puedo usar ese dinero para reconstruir mi vida en el extranjero, nos iremos juntos al fondo de ese cenote. Tú eres mi esposa. Ese es tu lugar, ¿recuerdas? Al lado de un Santillán.
—Yo nunca fui de tu propiedad, Rodrigo —respondió Camila, mirándolo fijamente a los ojos a pesar del dolor de su muñeca—. Y tu apellido ya no vale nada más que el desprecio de todos los que los conocieron.
De repente, una silueta elegante se alzó detrás de Rodrigo. Mauricio de la Vega, aprovechando que el guardia sobreviviente mantenía a raya las salidas, se había deslizado por el costado del escritorio. Utilizando la punta de acero reforzado de su bastón de fibra de carbono, asestó un golpe brutal y seco en la base del cráneo de Rodrigo.
Rodrigo soltó un quejido ahogado, soltando la muñeca de Camila y cayendo de rodillas sobre la alfombra con los ojos desorbitados, perdiendo el revólver que se deslizó por debajo del escritorio.
—La familia Santillán siempre fue una molestia de gente vulgar y sin modales —dijo Mauricio, sacando un pañuelo de seda de su bolsillo para limpiarse una salpicadura de sangre de la mejilla—. Ahora, Camila, firma la transferencia del fideicomiso. Mi paciencia se ha agotado y la paciencia de mis hombres tiene un costo por minuto que no pienso seguir pagando.
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Camila miró a Rodrigo en el suelo, derrotado por el mismo hombre al que se había aliado por pura desesperación, y luego levantó la vista hacia Mauricio, el verdadero monstruo corporativo que no necesitaba una máscara para ocultar su falta de humanidad.
—No voy a firmar nada, Mauricio —dijo Camila con calma, retirando las manos del teclado—. Porque Rivas Horizonte ya no pertenece a una sola persona.