Chapter 47

Capítulo 47: La traición de los malditos

La oficina presidencial se convirtió en un infierno de sombras y detonaciones. Rodrigo, completamente desquiciado y sin sentir el dolor del hombro herido, disparaba contra las columnas de concreto detrás de las cuales Mauricio de la Vega intentaba cubrirse, utilizando su bastón de fibra de carbono para mantener el equilibrio mientras su segundo guardia respondía al fuego con ráfagas cortas de su arma automática.
—¡Camila! —bramaba Rodrigo entre los disparos, el sonido de su voz rebotando en las paredes de cristal—. ¡Sal de ahí! ¡Tienes que ver cómo destruyo al hombre que creyó que podía comprar el apellido de mi familia con un puñado de dólares suizos!
Camila, manteniendo la mente fría y el pulso firme en medio del caos de cristales rotos y pólvora, estiró la mano hacia la computadora que seguía encendida sobre el escritorio. El cursor de la pantalla seguía parpadeando de manera intermitente sobre el botón de confirmación del Protocolo Fénix.
Si presionaba la tecla, todo el imperio financiero que sostenía el bienestar de cientos de empleados y de los refugios de mujeres se derrumbaría en segundos, pero la amenaza sobre ella y Lupita perdería todo su valor financiero.
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Justo cuando su dedo iba a hacer presión sobre la tecla, una mano ensangrentada y fría como el hielo de Lausana la sujetó firmemente de la muñeca, deteniendo el movimiento con una fuerza que parecía imposible para un hombre herido.
Era Rodrigo. Había logrado arrastrarse hasta el escritorio presidencial, con el rostro cubierto de sudor y sangre que se filtraba por debajo de su máscara negra rota, mirándola con el único ojo que le quedaba libre de la venda con una fijeza que expresaba una obsesión que superaba a la muerte.